El pasado 20 de diciembre de 2025 tuvimos la gracia de celebrar en nuestra parroquia la Misa Rorate, una de las celebraciones más significativas del tiempo de Adviento. En San Leandro, la vivimos como un momento de silencio, espera y esperanza, que nos ayudó a preparar el corazón para la venida del Señor.
A primera hora de la mañana, y a la luz de las velas, nos reunimos para comenzar el día desde la oración, dejando que fuera Dios quien marcara el ritmo de nuestra jornada.
Comenzar el día en silencio, a la luz de las velas, nos ayudó a preparar el corazón para la Navidad.
La celebración tuvo lugar antes del amanecer, en un templo envuelto en la penumbra y suavemente iluminado por la luz de las velas, signo de la humanidad que aguarda la llegada de Cristo, Luz del mundo. En este ambiente de recogimiento, pudimos experimentar de manera especial el sentido profundo del Adviento: la espera confiada del Señor.
Una tradición del Adviento que nos enseña a esperar
La Misa Rorate de Adviento toma su nombre del canto de entrada «Rorate caeli desuper» (“cielos, lloved destilad, el rocío”), una súplica que expresa el anhelo profundo del pueblo de Dios por la llegada del Salvador.
Al celebrarla juntos, sentimos cómo esta liturgia nos colocaba en actitud de espera confiada. Nos recordó que el Adviento no es solo un tiempo de preparación exterior, sino un camino interior en el que aprendemos a acoger al Señor que viene.
Celebrada tradicionalmente en honor de la Santísima Virgen María, la Misa Rorate puso también la mirada en María como modelo de espera, fe y disponibilidad al plan de Dios. “Con esta palabra del ángel y con la respuesta de María entró la luz. Entró la luz en la historia. Entró la luz en la humanidad. Y también entró la luz en nuestra vida”, decía el párroco, D. JMF en la homilía.
Vivir el Adviento desde la interioridad
A medida que avanzaba la celebración y comenzaba a despuntar la luz del día, se hizo visible el simbolismo central de esta liturgia: Cristo que viene a iluminar nuestras oscuridades y a traer esperanza a nuestro mundo.
Quienes participamos en la Misa Rorate vivimos de manera muy especial el valor del silencio y de la oración al comenzar el día. En la homilía, nuestro párroco nos recordó que el Adviento es un tiempo para aprender a esperar, no desde la impaciencia, sino desde la confianza. Nos invitó a hacer silencio interior, a dejar espacio a Dios y a permitir que sea Él quien ilumine nuestra vida, incluso en medio de las dificultades cotidianas.
“En la Iglesia encontramos la luz a través de la Palabra de Dios y de los Sacramentos. Es una luz que nunca se apaga. Viene el día, viene Cristo a tu vida, no tengas miedo”, afirmaba el párroco para despedir a los feligreses.
Ese mensaje resonó con fuerza en muchos de los presentes. Al finalizar la celebración, varios fieles mostraron su alegría por participar en esta celebración. “Me ha encantado la Misa porque nos ha transmitido la luz en nuestra vida. Dejar atrás el miedo, con Dios tenemos asegurada la luz”, expresaba una feligresa. A Alberto le ha parecido “una introducción magnífica a la Navidad, hay que mantener esa luz viva hasta la próxima misa Rorate”. Otra feligresa, Ana Belén, destacaba la esperanza del mensaje transmitido y recomendaba la expansión de esta celebración tan característica. “Estamos esperando la luz, Dios va a llegar y va a estar con nosotros. Esta iniciativa tan bonita debería hacerse en más parroquias, nos vamos con el corazón henchido”. Asimismo, a Lourdes lo que más le ha llamado la atención es la alegría, “ver cómo de la oscuridad llega la luz, la alegría de la llegada de Dios, la alegría con que recibe la Virgen el anuncio del ángel… Esa es nuestra alegría. Somos muy afortunados de tener esta parroquia”.
Un regalo para comenzar el día con esperanza
En medio del ritmo acelerado del día a día, esta Misa Rorate fue para muchos un verdadero regalo. Un espacio para detenernos, escuchar y renovar la esperanza.
Preparar la Navidad no es solo una cuestión de gestos externos. Es, sobre todo, una disposición del corazón. con una actitud más consciente y abierta. Al caminar junto a María en la espera confiada del Señor, redescubrimos la importancia de vivir el Adviento como un tiempo de encuentro, de esperanza y de renovación interior compartida como comunidad.
Desde la parroquia agradecemos la participación de todos los fieles que compartieron este momento de oración tan significativo y animamos a seguir viviendo el Adviento con espíritu de fe y alegría.





