Hay momentos del año que no se explican, se viven.
Y el Triduo Pascual ha sido uno de ellos.
Como comunidad, hemos recorrido estos días no como algo que ocurre “en la Iglesia”, sino como algo que nos pasa por dentro. Días para parar, mirar, acompañar… y dejarnos tocar.
Jueves Santo: un amor que se arrodilla
El Jueves Santo empezó con algo que nunca deja de sorprender: un Dios que se arrodilla.
En la Eucaristía vimos un amor que no se explica, se entrega. Un amor que se hace alimento, que sostiene, que permanece.
Y en el lavatorio de los pies, ese amor se hizo visible de una manera muy concreta: Un Dios que se arrodilla, que sirve, que rompe nuestras ideas de grandeza. No se trata solo de imitar un gesto, sino de acoger una forma de vivir.
Nos cuesta entenderlo. Nos cuesta vivirlo.
Pero ahí está el corazón del Evangelio.
Como recordaba el Papa, no es solo un gesto bonito: es la forma de amar de Dios. Un amor que no domina, sino que se inclina, que transforma desde dentro.
Después, en el silencio del Monumento, prolongó la noche de Getsemaní. Allí, en la intimidad, muchos permanecimos acompañando al Señor, dejando que ese amor tocara lo más profundo de su vida, hasta la mañana siguiente.
Viernes Santo por la mañana: caminar con la cruz
El Viernes Santo comenzó de una manera sencilla, pero significativa: rezando juntos Laudes.
Antes de cualquier celebración, antes de cualquier actividad, y tras la noche de vigilia, nos reunimos para poner el día en manos de Dios. Un comienzo en silencio, con la Palabra, que nos situó interiormente ante lo que íbamos a vivir.
Porque hay días que no se pueden improvisar.
Se preparan por dentro.
Después, el Vía Crucis nos ayudó a poner los pies en la realidad. Nos permitió recorrer, por las calles del barrio, el camino de la cruz.
Paso a paso, estación tras estación, fuimos acompañando a Jesús en su entrega, reconociendo en ese camino tantas realidades de nuestra propia vida: el cansancio, las caídas, la ayuda recibida, el dolor compartido.
No fue solo un recuerdo, sino una experiencia vivida. Un camino que nos ayudó a descubrir que la cruz no es ajena, sino que forma parte de nuestra historia, y que caminar con Él la transforma.
Viernes Santo: descalzarse ante el misterio de la cruz
Por la tarde del Viernes Santo llegamos juntos al lugar más radical del amor: la cruz.
En un clima de profundo silencio, juntos entramos en la celebración de la Pasión desde una actitud interior concreta: la de quien se descalza ante un terreno sagrado. La de quien reconoce que está ante algo que no se puede controlar ni explicar del todo.
Ante la cruz, al igual que el Papa León XIV, en Roma, los sacerdotes, D Joaquin M, D Idelfonsos I. y D Jorge, se descalzaron para adorar la cruz de rodillas. Un gesto de profunda humildad que habló por sí solo, en una liturgia marcada por el silencio. Nos ayudaron a entrar en esa misma actitud: despojarse, postrarse, ponerse ante la cruz sin defensas.
Tras ellos, fuimos acudiendo todos los feligreses uno a uno. Porque ante la cruz no hay discursos suficientes. Solo cabe quedarse. Mirar. Dejarse tocar.
Cuando nos acercamos a besarla, cada uno llevaba lo suyo: preocupaciones, heridas, nombres, historias… Y allí, sin hacer ruido, todo eso encontraba un lugar.
El silencio del día no fue vacío. Fue un silencio lleno de presencia.
Tras la adoración de la cruz, la jornada continuó de una manera distinta, pero profundamente conectada con lo vivido: nos reunimos en los locales de la parroquia para un cinefórum.
Allí vimos juntos La Pasión de Cristo, de Mel Gibson. La película nos ayudó a poner rostro, detalle y profundidad a lo contemplado en la liturgia. A detenernos en matices que muchas veces pasan desapercibidos, y a volver a mirar la entrega de Jesús con más verdad.
Fue un momento intenso, vivido en comunidad, que prolongó el Viernes Santo más allá del templo, ayudándonos a entrar aún más en el misterio de la Pasión.
Sábado Santo: aprender a esperar
El sábado volvió a comenzar juntos, rezando Laudes.
Un día distinto. Sin celebraciones grandes. Sin ruido.
Un día para sostener la espera.
Rezar juntos ese día tuvo un significado especial: aprender a permanecer cuando no hay respuestas claras, cuando todo parece detenido.
Como los discípulos, también nosotros experimentamos ese tiempo intermedio, donde aún no se ve la luz… pero se intuye.
Porque la fe también se juega ahí: en saber esperar.
Vigilia Pascual: la luz que vence, la vida que comienza
Y llegó la noche.
Oscura al principio. Como tantas veces la vida.
Pero poco a poco, una luz. Y otra. Y otra.
Hasta que toda la iglesia estaba iluminada.
Una sola llama compartida.
La Vigilia nos recordó algo muy sencillo y muy grande: Dios no abandona nunca. Nunca.
A lo largo de la historia —y también en la nuestra— siempre abre camino donde parece que no lo hay.
La liturgia nos hizo recorrer la historia de la salvación: desde la creación hasta la liberación, mostrando cómo Dios nunca abandona, incluso cuando el hombre se aleja.
Y entonces, el anuncio que lo cambia todo: Cristo ha resucitado.
No como una idea bonita, sino como una fuerza real, capaz de remover las piedras que parecen inamovibles en nuestra vida: miedos, bloqueos, heridas.
Como las mujeres del Evangelio, también nosotros somos invitados a ponernos en camino a ponernos en camino, a no quedarnos paralizados.
Porque la vida, al final, se abre paso.
Una alegría que se hace mesa compartida
Tras la vigilia, llegó algo muy nuestro: compartir.
Los jóvenes prepararon chocolate y mona para compartir con todo el que quiso acercarse. Y después tuvimos una cena sencilla en los locales, abierta a todo el que quiso quedarse.
Después del silencio y la intensidad de los días anteriores, llegó el momento de la alegría visible: Conversaciones, risas, reencuentros.
La Pascua no termina en la iglesia.
Se continúa en la mesa, en la relación, en lo cotidiano.
Comienzan ahora cincuenta días para vivir desde la luz, para dejar que lo celebrado se haga vida en lo cotidiano.
Porque la Resurrección no es solo un recuerdo. Es una forma de vivir.
Y ahora… empieza de verdad.




































































































































