VIVIR

DOMINGO II DE PASCUA CICLO C
Domingo 3 de Abril de 2016
REFLEXIÓN
         1.- Este pasaje del Evangelio es toda una catequesis sobre la resurrección de Jesús.
         Los discípulos se sentían inseguros, sin saber qué hacer ni cómo actuar. Tienen miedo y prefieren mantenerse ocultos,  no ser reconocidos como discípulos de Jesús.
         Están llenos de dudas como Tomás. Les cuesta reconocer a Jesús cuando se les presenta. Creen que es un fantasma, no saben si lo que ven es fruto de su imaginación o es realidad. Necesitan tocar, palpar, oír su voz… apoyarse en algo que les dé seguridad de que es real lo que ven y lo que oyen para estar seguros de que Jesús ha resucitado.
         A medida que se repiten los encuentros con Jesús va creciendo su seguridad de que está vivo, ha resucitado, está con ellos. Va siendo más intensa su alegría, la paz que Jesús les regala, y entienden que les envía a continuar en el mundo la misma misión que Él había cumplido: Anunciar el Amor misericordioso de Dios que se manifiesta especialmente con el perdón de los pecados para lo que ellos también han recibido poder.
         2.- La vida de los discípulos cambia completamente: Permanecen unidos en el amor, acuden juntos al Templo a rezar, no se cansan de hacer el bien a cuantos se les acercan.
         El testimonio de su forma de vivir y de actuar causaba admiración en todos, como hemos escuchado en la primera lectura, y es el motivo para que cada día fueran más los que se unieran a su grupo.
         3.- Como entonces los discípulos, también nosotros nos sentimos inseguros, con miedo a manifestar que somos cristianos por las críticas, las humillaciones, los desprecios que podemos recibir.
         Estamos muchas veces inseguros y llenos de dudas porque nos gustaría ver, tocar sus manos, oír su voz. Pero hemos de aprender  a ayudarnos unos a otros compartiendo nuestra fe, apoyándonos en nuestro modo de obrar, compartiendo nuestras experiencias de nuestros encuentros con Jesús y permaneciendo unidos en el amor.
         Hemos de recordar que también somos enviados  a anunciar el Amor de Dios, su misericordia infinita, el perdón de los pecados, la alegría de su presencia amorosa en nuestra vida. Y que ese anuncio lo hemos de hacer, sobre todo, con el ejemplo de nuestras vidas y nuestras obras.
         4.- Que el Señor nos ayude a querernos cada día más, a vivir cada día más unidos, a hacer siempre el bien, a manifestar la ternura de Dios, su bondad, su comprensión,  su paciencia con todos, de forma que toda nuestra vida y nuestras obras hagan creíbles lo que decimos que creemos y que esperamos.

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