DOMINGO I DEL TIEMPO DE ADVIENTO CICLO A
Domingo 27 de Noviembre de 2016
REFLEXIÓN
1.- La presencia de Jesús entre nosotros, que comienza con su nacimiento, es el inicio de que la promesa de salvación que Dios hizo a los hombres, llegue a su plenitud y por eso lo celebramos como un acontecimiento importante.
Por esa razón decimos que con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico a lo largo del cual iremos celebrando los acontecimientos más importantes de nuestra salvación.
Para aprovechar bien este tiempo conviene que tengamos en cuenta varias cosas:
A/ Preguntarnos ¿qué lugar ocupa Dios en nuestra vida? ¿Qué importancia tiene Dios para nosotros? Necesitamos pararnos para darnos cuenta de que el ambiente que nos rodea favorece que en nuestra vida estén demasiado presentes lo que S. Pablo llama las actividades de las tinieblas: “Comilonas, borracheras, lujuria, desenfreno, riñas, pendencias…”
Quizá estamos más alejados de Dios de lo que nosotros creemos porque nos conformamos con pensar que ya somos bastante buenos. Quizá estamos muy rodeados de tinieblas y necesitados de Luz. Por eso hemos de hacer caso a las advertencias de las lecturas de hoy: ”Estad en vela!! Estad despiertos!! Vuestra salvación está cada vez más cerca y vosotros cada vez más descuidados”.
B/ Cuando estamos descuidados, el ladrón puede abrir un boquete. Tal vez en nuestra vida hay muchos boquetes que nos han desorientado, que nos han conducido por caminos equivocados y nos hemos metido en laberintos de los que no sabemos salir. Necesitamos estar atentos, vigilantes. El Señor quiere cogernos de la mano y ayudarnos a cambiar de camino y conducirnos por el camino recto, el camino de la verdadera felicidad y alegría.
Estemos atentos, no sea que venga, no nos demos cuenta y no le hagamos caso.
C/Para aprovechar este tiempo de Adviento hemos de reconocer nuestra pobreza espiritual, descubrir que tenemos hambre de Dios, que necesitamos de El, que necesitamos cambiar.
2.- Hemos de recuperar la esperanza de que nuestra vida puede ser diferente si nos dejamos guiar por el Señor y dejamos que nos coja de la mano.
Hemos de tener paciencia y constancia porque el camino hacia el encuentro con el Señor lo hemos de recorrer poco a poco y hemos de confiar en su ayuda.
Pidamos al Señor que vayamos recorriendo este camino del Adviento con constancia y con esperanza para dejar que el Señor nazca en nuestro corazón y renovemos y mejoremos nuestra vida.

