VIERNES SANTO CICLO C
Viernes 19 de Abril de 2019
REFLEXIÓN
1.- Hoy no celebramos la Eucaristía. La Ultima Cena con Jesús fue ayer.
El centro de la celebración de hoy es el relato de su pasión y muerte y contemplar la cruz en la que Jesús murió como consecuencia de un juicio injusto, de un delito que no cometió, de un sufrimiento cruel al que fue sometido como si fuera el único culpable de todas las maldades que brotan de lo peor que hay en lo más hondo del corazón humano.
No podemos contemplar al crucificado, como hicieron muchos entonces, como un espectáculo en el que nosotros no tenemos nada que ver. Alguien en nuestro nombre descargó sobre Él latigazos, golpes, salivazos, lo dejó desnudo despojándolo de todo, dejándolo sin dignidad, y descargando duros y fríos martillazos que le dejaron bien sujeto a la cruz.
Sufrió la soledad de quienes, a pesar de llamarse sus amigos, le abandonaron, le dejaron solo y le negaron por miedo y cobardía.
2.- La crueldad y el sufrimiento de Jesús no terminó entonces. Se ha ido prolongando a lo largo de la historia y sigue estando presente hoy en cada uno de esos pobres, pequeños y débiles, que son humillados, traicionados, maltratados, despojados de toda dignidad.
En los que mueren de hambre, en quienes no tienen trabajo, ni vivienda digna, ni acceso a la cultura, a la sanidad. En todos los que son tratados como esclavos, sometidos a tareas muy duras y mal remuneradas, en las victimas de toda clase de violencia.
No pensemos que son los demás quienes tienen estos comportamientos, porque también somos nosotros quienes insultamos, calumniamos, humillamos, atentamos contra la dignidad y el respeto a las personas con nuestras palabras y nuestras obras. También nosotros traicionamos a nuestros amigos, les dejamos solos en los momentos difíciles, nos lavamos las manos ante los problemas y los sufrimientos de los demás.
También hoy, con el rostro desfigurado y la mirada llena de tristeza, Jesús dirige su mirada a lo más profundo de nuestro corazón y nos pregunta: ¿Qué más puedo hacer por vosotros que no haya hecho? ¿Qué más he de hacer para que me escuchéis y me hagáis caso? Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
3.- Al contemplar la cruz quizá somos nosotros quienes también nos sentimos crucificados, maltratados, despreciados, traicionados, olvidados.
Quizá como Jesús gritamos, sin fuerzas y hundidos en la soledad, Padre ¿por qué me has abandonado?
En la cumbre de su sufrimiento, aún le quedaron fuerzas a Jesús para dirigirse al Padre, confiar en Él y decirle: En tus manos encomiendo mi espíritu. Y nos pide que nosotros hagamos lo mismo cuando ya no nos queden fuerzas para asumir y sobrellevar todos los sufrimientos que forman parte de nuestra vida.
4.- No dejemos de contemplar la cruz. Dejemos que nuestro corazón se rompa y nos duela tanto sufrimiento que hay en nuestro entorno. No nos olvidemos de llorar ante tanto dolor de tanta gente. No dejemos de sentir vergüenza cuando nos damos cuenta de que nosotros tenemos parte de culpa, de que nuestra sociedad que presume de ser desarrollada provoca tanto sufrimiento y tanta miseria.
Y a la vez, cuando nos sintamos hundidos en el mayor dolor y la más grande soledad, sigamos mirando a Jesús crucificado, y digamos como Él: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. En ti confío y en tus manos pongo mi vida.

