DOMINGO FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA
Domingo 30 de Diciembre de 2018
REFLEXIÓN
1.- Después de celebrar el Nacimiento de Jesús, la Iglesia propone poner nuestra atención en la Sagrada Familia para que reflexionemos cómo son y cómo deberían ser nuestras familias para que sean verdaderamente cristianas.
Las características principales las explica S. Pablo en el pasaje de la carta dirigida a los cristianos de Colosas que acabamos de escuchar.
Son actitudes que deberían ser como un traje del que cada uno vamos siempre vestidos: la misericordia, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión.
Debemos estar dispuestos a aceptarnos como somos, con nuestras cualidades y nuestros defectos: Sobrellevándonos mutuamente, perdonándonos las ofensas y las heridas que nos hemos causado. Y sobre todo procurando vivir en paz.
Pero todo esto sólo es posible si el centro de nuestras vidas es Dios, ya que sólo El puede mantenernos unidos en el Amor.
2.- Así era la Familia de Jesús tal como lo relata el pasaje del Evangelio de hoy.
Una familia normal, con situaciones de alegría y de sufrimiento que eran vividas a la Luz del misterio que envolvía toda su existencia, desde el momento mismo del embarazo de María.
Situaciones en las que Jesús fue creciendo y madurando, sujeto a la obediencia de sus padres, comportándose como un niño, como un adolescente, como un adulto, en un pueblo humilde, tanto en las relaciones humanas y familiares, como en la dureza del trabajo y como en la vida religiosa como buen judío.
Aprendiendo a ser Él mismo, aunque su entorno familiar no lo entendiera, y siempre dispuesto a hacer la voluntad del Padre. Y siempre acompañado por el respeto, el silencio y el apoyo de sus padres.
3.- Hemos de fijarnos en la Familia de Jesús para ir poco a poco construyendo nuestras familias cristianas.
El centro de la vida familiar debe ser el Amor que nos mantiene unidos y que es el que hace crecer y madurar todas esas cualidades y actitudes propias de una familia cristiana.
Sólo el Amor nos hace pensar en los demás. Nos hace ser humildes, misericordiosos, bondadosos, solidarios, generosos, pacientes, pacíficos y pacificadores. Atentos a las necesidades del otro.
Sólo desde el Amor podemos y debemos aceptarnos unos a otros tal y como somos, evitando críticas, murmuraciones y maledicencias que hacen daño y que no conducen a nada, y prestar una especial atención a aquellos miembros de nuestra familia que son más débiles, que más sufren, y necesitan más ayuda y apoyo.
4.- Muchas cosas podemos pensar y reflexionar fijándonos en la Familia de Jesús. No dejemos de tenerlas presentes con mucha frecuencia. Y hoy especialmente pensemos cómo son nuestras familias, que podemos hacer cada uno para que crezcan y mejoren como familias cristianas.
Recemos por nuestras familias, y, sobre todo, recemos por todas aquellas familias que pasan dificultades, que necesitan nuestro apoyo y la ayuda del Señor para superar situaciones de sufrimiento y desamor.

