Los pasados 29 y 30 de mayo vivimos como parroquia un viaje muy especial a Toledo y al parque histórico Puy du Fou España. Cerca de 50 feligreses, acompañados por nuestro párroco, D. Joaquin, compartimos dos jornadas de convivencia, oración e inmersión en la historia de España.
Partimos el viernes desde Valencia y, durante el trayecto, rezamos juntos el Santo Rosario, poniendo el viaje bajo la protección de la Virgen María. Por la noche disfrutamos de El Sueño de Toledo, un impresionante espectáculo que nos permitió recorrer más de 1.500 años de historia y descubrir cómo la fe cristiana ha acompañado algunos de los momentos más decisivos de nuestro país.
Nos alojamos en la hospedería de los Carmelitas Descalzos de Toledo, un entorno sencillo y acogedor que favoreció la convivencia entre todos los participantes.
El sábado comenzó con la celebración de la Eucaristía, incluso antes del desayuno. Posteriormente, camino de Puy du Fou, rezamos juntos los Laudes, la oración de la mañana de la Iglesia. A través de los salmos nos unimos a una tradición de oración que se remonta al propio Jesús y a la Virgen María. Además, el Concilio Vaticano II animó especialmente a los fieles laicos a participar en esta oración, como expresión de unión con toda la Iglesia.
Ya en Puy du Fou España, disfrutamos de los diferentes espectáculos y recorrimos algunos de los episodios más relevantes de la historia de España. Para quienes formamos parte de la parroquia de San Leandro de Valencia, fue especialmente emocionante descubrir la presencia de nuestro patrón en el contexto histórico representado en el parque. En El Misterio de Sorbaces pudimos contemplar su decisivo papel en la conversión del rey Recaredo y en la unidad de la fe en el Reino Visigodo.
Más allá de los espectáculos y las visitas, el viaje fue una oportunidad preciosa para compartir tiempo juntos, conocernos mejor y seguir construyendo comunidad. Una de las imágenes más bonitas de estos días fue ver cómo personas de distintas edades compartían el camino, se ayudaban mutuamente y disfrutaban juntas de cada momento. Para algunos de nuestros mayores, esta experiencia difícilmente habría sido posible sin el apoyo y la cercanía de la comunidad parroquial. Ver su ilusión, su emoción y sus sonrisas durante el viaje nos recordó que la verdadera riqueza de estas actividades no está solo en los lugares que visitamos, sino en las personas con quienes los compartimos.
Uno de los momentos más entrañables tuvo lugar durante el viaje de regreso. Tras finalizar nuestra visita a Puy du Fou España, realizamos una parada en el camino entre Toledo y Valencia para compartir la cena. Lo que podía haber sido una simple pausa se convirtió en una auténtica experiencia de comunidad. En pocos minutos, el aparcamiento se transformó en una cocina improvisada donde cada uno encontró la manera de colaborar: unos cortaban el pan, otros preparaban el tomate, algunos montaban los bocadillos con jamón serrano o queso, mientras otros organizaban las bolsas con fruta, chocolates y botellas de agua para todos. Entre risas, conversaciones y muchas manos dispuestas a ayudar, disfrutamos de una cena sencilla que reflejó perfectamente el espíritu con el que habíamos vivido todo el viaje.
Finalmente, continuamos nuestro camino hacia Valencia con el corazón agradecido por todo lo vivido. Nos llevamos el recuerdo de unos días en los que la historia, la fe y la convivencia caminaron juntas; de una comunidad que pudo acercarse un poco más a la figura de San Leandro y al legado cristiano que ayudó a construir; y de tantos pequeños gestos de servicio, fraternidad y cuidado mutuo que hicieron de este viaje una experiencia verdaderamente especial. Porque, al final, lo más valioso no fue únicamente visitar lugares extraordinarios, sino haber podido hacerlo juntos, especialmente junto a quienes quizá no habrían tenido la oportunidad de vivir esta experiencia por sí mismos







































































































