DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 14 de Enero de 2018
REFLEXIÓN
1.Juan el Bautista, cumpliendo su misión de preparar el camino al Señor, cuando Jesús pasa cerca de él y sus discípulos, estando bautizando en el Jordán, lo señala diciendo: Este es el Cordero de Dios.
Dos de sus discípulos, movidos por la curiosidad o por el interés, van tras El. Jesús se gira y pregunta: ¿Qué buscáis? – ¿Dónde vives? – Venid y veréis.
Es el diálogo previo a aquel encuentro tan impactante que les dejó marcados para el resto de su vida. Pasados los años recuerdan con detalle el momento: Eran las cuatro de la tarde.
Conocieron a Jesús, su forma de vivir, su mensaje, sus planes… Se sintieron tan entusiasmados con aquel descubrimiento que Andrés fue corriendo en busca de su hermano Simón para llevarlo a Jesús: ¡Hemos encontrado al Mesías! Ven! Y lo llevó a Jesús.
Aquel encuentro también cambió totalmente la vida de Simón significado en el cambio de nombre: Te llamarás Pedro
2.- Al igual que aquellos discípulos nosotros tenemos ocasión de acercarnos a Jesús. Repetidas veces y de muchas maneras Jesús también nos dice: Ven y verás cómo vivo, quien soy, cuáles son mis planes. Si tenemos interés de encontrarnos con Él, de conocerle cada vez más, de conocer con detalle su forma de vivir, de profundizar en el conocimiento de su mensaje responderíamos a su invitación, y:
Sería fantástico porque nuestros encuentros con Jesús nos entusiasmarían tanto, que no podríamos resistir el impulso y la necesidad de transmitirlo y contagiarlo a los demás y como Andrés diríamos: ¡Ven a conocer a Jesús!, ¡Ven a la parroquia, ¡Ven al grupo de oración, al grupo del Itinerario, a la Eucaristía… ¡Ven!
Si nuestros encuentros con Jesús fueran tan profundos y tan intensos, no sólo nos llenarían de entusiasmo, sino que, como a Pedro, nos cambiaría totalmente vida, seríamos otras personas capaces de sonreír siempre porque estaríamos llenos de alegría, no perderíamos los ánimos porque confiaríamos siempre en el Señor, no perderíamos la esperanza, pondríamos todo nuestro empeño para que la parroquia fuera una Gran Familia, estaríamos siempre dispuestos a acoger, ayudar, acompañar…
3.- El Evangelista S. Juan era el otro discípulo que con Andrés pasaron el día con Jesús y por eso nos lo cuenta con tanto detalle.
Le pido al Señor para mí y os sugiero que lo pidáis también para vosotros, no poner escusas para estar con el Señor sin prisas, como aquellos discípulos.
Le podemos pedir juntos que esos encuentros cambien nuestra vida y nos hagan mejores personas.
Y le podemos pedir que no tengamos miedo de decir a quienes creamos oportuno: ¡Ven a la parroquia, a la Eucaristía, a tal grupo…! Para que puedan también conocer a Jesús y participen de nuestra alegría.

