UNIDAD-DIVERSIDAD

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 27 de Enero de 2019

REFLEXIÓN

1.- Jesús, como buen judío, acude cada sábado a la Sinagoga para escuchar la Palabra de Dios. Y en esta ocasión, la Lectura le hace redescubrir y afianzar su propia vocación:

“Ha sido Ungido y enviado a anunciar un año de gracia del Señor: a anunciar la libertad a los presos, la curación de los ciegos, a los enfermos… A hacer posible una nueva vida llena de alegría y felicidad.”

 

2.- Los cristianos tenemos todos la misma vocación:” SER SANTOS”, porque todos hemos recibido la Vida de Dios en el Bautismo, y hemos de vivir con intensidad esa Vida que se nos ha regalado.

Pero todos somos diferentes. Tenemos cualidades distintas, diferentes situaciones personales: familiares, profesionales, sociales…

Iluminados por la Palabra de Dios hemos de encontrar nuestra vocación particular, la tarea y la misión que el Señor nos pide a cada uno, el lugar y la manera como hemos de desarrollar las cualidades que hemos recibido y ponerlas al servicio del bien común, porque cada uno hemos de colaborar a que vivamos con armonía, con alegría y con paz, construyendo juntos el Reino de Dios.

 

3.- La imagen del cuerpo que utiliza S. Pablo y que hemos escuchado en la segunda Lectura, es la más iluminadora: Hemos de construir y vivir la unidad en la diversidad, con la fuerza del Espíritu Santo. No puede ir cada uno por su lado y hacer lo que quiera porque formamos un solo cuerpo, somos una Gran Familia.

Todos somos importantes y no sólo necesarios sino imprescindibles. Lo que uno deje de hacer, siempre estará por hacer. Cuando uno hace las cosas mal, perjudica a todos. Cuando uno sufre, todos sufren.

Si eso es lo que ocurre en nuestro propio cuerpo y en nuestras familias, eso es lo que ocurre en la Iglesia y en la parroquia.

No caben envidias, ni enfrentamientos, ni críticas, ni divisiones, ni protagonismos. Cada uno tiene su función y ha de llevar a cabo su misión con responsabilidad porque todos, hasta quienes realizan las tareas más pequeñas y humildes, son imprescindibles.

 

3.- A medida que va transcurriendo nuestra vida, nuestras situaciones van cambiando y la Palabra de Dios nos ilumina para que vayamos descubriendo qué quiere el Señor de nosotros en cada momento, qué hemos de hacer y cómo lo hemos de hacer. Cómo hemos de actuar, en qué nos hemos de comprometer y cuál es la mejor manera de colaborar en la construcción del Reino de Dios, en que la Iglesia, concretada en la Parroquia, cumpla mejor su misión, y qué puedo aportar para hacer posible la armonía, la unidad y la paz.

 

4.. Delante del Señor hagámonos la pregunta: ¿Qué quieres de mí? Y dejemos que el Espíritu Santo nos ilumine y nos de la valentía y la fortaleza de hacer lo que el Señor nos pide.

 

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