UNA SUMISIÓN QUE ES RECÍPROCA

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 23 de Agosto de 2015
REFLEXIÓN
Quizás de las lecturas que hemos escuchado en este domingo, la que más ha quedado resonando en nuestros oídos ha sido la segunda lectura del Apóstol Pablo a los Efesios (5, 21-33). Y se nota por la cara sonriente de algunos esposos, que hacen seña a la esposa para que pongan más atención, cuando el Apóstol dice: Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer…”. Pero no nos quedemos sólo en este versículo, es necesario ver todo el texto en su conjunto, para penetrar en el pensamiento del autor de la carta. Pablo pone su mirada en el matrimonio y pone de manifiesto las obligaciones mutuas entre los cónyuges: por un lado la mujer debe someterse, y por otro el hombre debe amar a la mujer como Cristo amó a la Iglesia, hasta dar la vida. Cuando Pablo habla de someterse, no está hablando en categoría jurídicas, es decir, que por el consentimiento matrimonial la mujer no pasa a ser una posesión del hombre, como si se tratase de un objeto, una cosa que ahora le pertenece y que puede utilizar, nada que ver con esto. El someterse es una exigencia del AMOR entre los esposos, exigencias que están cimentadas en el amor y donde hay amor no hay posesión del uno hacia el otro, lo que existe es donación mutua y entrega generosa.
Por tanto, la sumisión no es solo para la mujer, sino que es recíproca, por eso el texto continúa diciendo: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5,25). El amor de Cristo a la Iglesia es un amor de entrega total, hasta dar la vida. El amor del marido a su mujer debe conducirle, por tanto, a entregarse por ella como Cristo se entregó a la Iglesia para salvarla mediante la donación redentora de su vida. La razón de la sumisión recíproca es, por consiguiente, el amor que les une y que, para ser un amor de verdad, debe ser un amor de entrega total de sí mismo del uno para con el otro. El amor hace que simultáneamente también el marido esté sujeto a la mujer.
El amor de Cristo por la Iglesia, es un amor que constantemente se está renovando y la entrega de Cristo por la Iglesia siempre se actualiza en cada Eucaristía, por lo que la Eucaristía es expresión del amor profundo de Cristo por la Iglesia, el sacrificio eucarístico representa la alianza de amor de Cristo con la Iglesia, en cuanto que sellada con la sangre de la cruz.. Así de este modo, los cónyuges deben renovar cada día el Sí que dieron delante del Señor el día de la boda, para mantener siempre el amor que se prometieron para toda la vida. Pidamos al Señor, que tiene Palabras de vida eterna, que los matrimonios vivan siempre desde el plan de Dios y que las familias que se fundan en el sacramento del matrimonio, sean auténticas comunidades de vida y amor y verdaderas Iglesias domésticas. Que cada celebración eucarística sea fuente de amor para las relaciones matrimoniales que con el paso del tiempo han venido perdiendo vigor y que muchas están en crisis. Que los matrimonios en dificultad sepan descubrir que aún en las relaciones matrimoniales más difíciles, Dios tiene una Palabra que ofrecer, una Palabra que cuando es acogida es capaz de transformar toda relación difícil.
P. Julio

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