DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 14 de Octubre de 2018
REFLEXIÓN
1.- Con frecuencia se nos olvida que con la muerte nuestra vida no termina, sino que se transforma, y comenzamos esa nueva etapa de nuestra vida que llamamos eterna.
Si le preguntamos a Jesús qué debemos hacer para llegar al cielo, su respuesta será la misma del Evangelio: Cumplir los mandamientos. Y quizá también nosotros le respondamos que eso lo hacemos desde pequeños. A lo que Jesús también añadirá: Te queda algo más.
Convencidos de que hacemos las cosas bien, no encontramos pecados ni faltas importantes que debamos corregir, pensamos tal vez en rezar más o un poco mejor, en seguir con nuestras devociones particulares, en pequeñas cosas sin importancia, y seguimos estando igual y nos olvidamos que el Señor nos dice: Te queda algo más.
Si, iluminados por la sabiduría de Dios, buceamos en nuestro interior, nos iremos dando cuenta poco a poco de nuestras imperfecciones, de que nos pasa como a S. Pablo, que hacemos muchas veces el mal que no queremos y el bien que nos proponemos no conseguimos hacerlo.
No nos hemos de conformar. Siempre podemos un poco más.
2.- Entre las cosas que podemos mejorar, Jesús nos llama la atención de una verdaderamente importante. ¿Qué importancia le damos a los bienes materiales? ¿Qué lugar ocupan en nuestra vida?
Jesús mira con cariño a aquel personaje que tenía verdadero interés de ser santo y le pide algo más: que tenga el corazón completamente despegado de los bienes materiales. Que su vida no gire en torno a ellos. Que piense en los más necesitados, que sepa compartir para aliviar necesidades de los pobres y excluidos, que sepa vivir con austeridad. Pero era rico y se va entristecido.
Es lo mismo que nos pide a nosotros, además de intentar ser mejores en todo. Nos pide tener un corazón deprendido y generoso y que aprendamos a vivir con austeridad.
3.- Jesús es muy serio en esa petición: Quien tiene el corazón puesto en los bienes materiales no podrá entrar en el Reino de los cielos. Y Él mismo sabe que no es fácil. Y ante la preocupación de los discípulos por tanta dificultad, les anima: Para los hombres es imposible, pero no para Dios. Dios lo puede todo.
No intentemos conseguir las metas que nos propone Jesús sólo con nuestras fuerzas. No vamos a poder. Acudamos siempre al Señor; Él nunca propone metas y objetivos imposibles. Él lo puede todo. Acudamos a Él y no dejemos de confiar en sus fuerzas.
OS DEJO UN MOMENTO DE SILENCIO para que las palabras de Jesús resuenen en vuestro corazón:
++ En qué puedo mejorar un poco más?
++ De qué me tengo que desprender?

