SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD CICLO A
Domingo 7 de Junio de 2020
REFLEXIÓN
1.- La mejor definición de Dios nos la ha dado S. Juan: DIOS ES AMOR. Ese Dios Amor se ha ido manifestando a lo largo de la historia de distintas maneras:
+Como Dios Padre, Creador y Dador de Vida
+Como Hijo Amado del Padre que se hizo Hombre para que los hombres pudiéramos conocer mejor al Dios Amor que quiere nuestra felicidad y nuestro bien, que quiere liberarnos de la esclavitud del pecado y hacernos recuperar lo que perdimos por el primer pecado de la humanidad
+Un Dios que es Plenitud de Amor y que está presente en lo más profundo de nuestros corazones como el Espíritu de Dios, el Amor Infinito por el que participamos de la misma vida de Dios.
- Dios no es un Ser solitario. Es un misterio de Amor, de Comunión y de Relación del que quiere hacernos participar porque nos ha creado a su imagen y semejanza.
Creer en ese Dios nos urge a que seamos creadores de comunión tratando a todos como hermanos, a tender puentes con los que superar las distancias, cruzar los barrancos del egoísmo, la división, el rencor, el desencuentro, romper los muros que nos separan y en lugar de ellos potenciar el encuentro y la unión.
Crear encuentros es potenciar lo que nos une, respetar lo que tenemos de distinto y enriquecernos con lo que tenemos de diferente.
Dios quiere de nosotros que vivamos inmersos en ese misterio de amor y comunión siendo una Gran Familia, siendo como El portadores, creadores y defensores de la vida, de toda vida, puesto que la Vida nace del corazón de Dios, siendo así verdadero reflejo del Dios en quien creemos.
3.- Esa es nuestra fe, la fe que proclamamos continuamente, casi sin darnos cuenta, cuando hacemos la señal de la cruz diciendo: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, cuando terminamos nuestras oraciones diciendo gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, cuando empezamos una reunión en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Cada vez que lo nombramos le hacemos presente, nos comprometemos a actuar como El, y nos hemos de sentir lanzados con urgencia a construir su Reino, a crear un mundo nuevo.
4.- Pidamos al Señor que aumente nuestra fe, que cada vez que pronunciamos su triple nombre seamos conscientes de lo que decimos, y que todas nuestras palabras y nuestras obras sean para su gloria y alabanza.

