DOMINGO II DE CUARESMA CICLO C
Domingo 21 de Febrero de 2016
REEFLEXIÓN
1.- El relato de la Transfiguración del Señor nos propone un nuevo paso en el camino hacia la Pascua que es la Cuaresma. Es el objetivo hacia el que hemos de tender: Envueltos en la nube de la presencia de Dios en nuestro vivir de cada día, ir cambiando, transformándonos, transfigurándonos, para reflejar siempre la gloria, la presencia de Dios.
¿Qué tenemos que hacer para avanzar en esa dirección?
a// En primer lugar lo que oyeron los discípulos que acompañaron a Jesús: “Este es mi Hijo amado. ECUCHADLE”
Escuchar al Señor, su palabra, sus enseñanzas, el mensaje que transmiten sus obras y su manera de actuar. Escucharlo cada día. Dejarnos guiar por El. Acercarnos a El para que vaya cambiando nuestra vida: nuestra forma de pensar, nuestros sentimientos, nuestros comportamientos, nuestros deseos.
Sólo el Señor nos puede cambiar, nos puede moldear haciéndonos semejantes a El. El Señor nos da su vida y su fuerza; nos acompaña siempre. Pero nosotros hemos de poner nuestro esfuerzo, nuestra fuerza de voluntad, nuestra de decisión de seguir avanzando cada día, porque esforzarnos un día y luego parar, no sirve para nada. Hemos de ponernos cada día en sus manos para que nos vaya moldeando.
b// También hemos de tener en cuenta los consejos que dio Pablo a los Filipenses: “Seguid mi ejemplo y fijaos en el modelo que tenéis en nosotros…. Porque hay muchos que sólo andan preocupados en cosas terrenas… En cambio nosotros somos ciudadanos del cielo”.
Yo me pregunto si somos nosotros lo bastante buenos como para aconsejar que se fijen en nosotros, en nuestro modo de pensar y en nuestro comportamiento. Si reflejamos fielmente a Jesús.
Quizá somos de los que a veces andamos preocupados por cosas terrenas y nos olvidamos de que somos ciudadanos del cielo, ciudadanos del Reino. Nos olvidamos de que somos imagen de Jesús allí donde estemos.
3.- ¿Qué debería yo cambiar para ir caminando hacia la transfiguración de mi vida y poder decir que se fijen en mí? Cada uno sabemos que cosas necesitamos cambiar.
Pongámonos en las manos de Dios para que, como buen alfarero, sea El quien nos moldee, nos transforme, nos cambie.
Que sea esa nuestra oración y nuestro compromiso en esta segunda semana de Cuaresma.

