TRANSFIGURACIÓN

DOMINGO II DE CUARESMA CICLO A

Domingo 8 de Marzo de 2020

REFLEXIÓN

          1.- En la Sagrada Escritura la cima del monte es el lugar del encuentro de los hombres con Dios. Cuanto más alta es la cumbre más cerca está el cielo, mayor es la soledad y el silencio y se está en las mejores condiciones de encontrarse con Dios.

          Para llegar a la cumbre es necesario:

+Ponerse en camino despojado de todo lo que no es necesario, de todo lo que impide caminar ligero de equipaje, de todo lo que impide caminar mirando a la cumbre en lugar de mirar el suelo porque nuestra mochila, con exceso de peso, nos impide levantar la mirada.

+Arriesgar, porque no sabemos cuál es el camino, ni los obstáculos que podemos encontrar, porque nos podemos desorientar.

+Dispuestos a superar el cansancio, el desánimo, las prisas, porque lo importante no es llegar el primero, sino llegar bien y en las mejores condiciones.

 

          2.- El silencio y la soledad nos facilita poder escuchar.

+Escuchar todo cuanto nos rodea y descubrir en la grandeza de la creación la grandeza y la sabiduría de Dios.

+Escuchar las voces del entorno que habitualmente nos rodea, voces de quienes nos piden ayuda, voces que nos indican caminos equivocados o nos invitan a la comodidad y a no seguir.

+Escuchar la voz de nuestra conciencia en la que la voz de Dios nos hace descubrir nuestros pecados, debilidades, equivocaciones. Descubrir cuanto nos llena de tristeza y de infelicidad.

+Escuchar a Jesús, el Hijo Amado del Padre, que nos habla del Amor del Padre porque también nosotros somos sus Hijos Amados, nos habla de la Salvación que nos ofrece, de su perdón y su misericordia, de lo que espera de nosotros, y nos enseña el camino que hemos de seguir en nuestra vida.

 

          3.- El encuentro con Dios, que nos envuelve en la nube de su presencia, trasfigura nuestra vida, nos hace vivir llenos de su alegría, y reflejar el resplandor de su Luz.

          El encuentro con Dios nos compromete a bajar de la montaña, no caer en la tentación de la comodidad, sino aceptar el compromiso de trasmitir esa presencia de Dios en nuestra vida de cada día, en nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros amigos, nuestro entorno, esforzándonos en superar las dificultades que vamos a ir encontrando con la confianza puesta en el Señor.

 

          4.- Vivido así, todo este tiempo de sacrificio y de esfuerzo que es la Cuaresma, no es un tiempo de tristeza, sino que debemos vivirlo como un tiempo de alegría y esperanza porque, si nos vamos transfigurando, estamos ya participando de alguna manera de la resurrección del Señor y vamos avanzando no sólo en nuestra transfiguración sino también en nuestra preparación hacia la celebración de la pascua.

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