SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS CICLO A
Domingo 31 de Mayo de 2020
REFLEXIÓN
1.- La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles fue un terremoto que lo cambió todo, lo trasformó todo y nada volvió a ser como antes, porque fue el regalo de la plenitud del Amor de Dios en cada uno de ellos.
Arrancó de ellos el miedo y los transformó en personas valientes y decididas, iluminó sus mentes y les hizo entender todo lo que habían visto, oído y aprendido, reconocieron que el encargo de Jesús de ser sus testigos era una tarea urgente que no podía esperar, les mantuvo unidos en el Amor y les hizo constructores de paz y de unidad.
2.- La presencia del Espíritu produjo en todos frutos abundantes que hacían brillar la inmensidad del Amor que Dios quería regalar a los hombres: la bondad, la alegría, la generosidad, la solidaridad, la justicia, el perdón, la misericordia, la fortaleza, la templanza…
Y para poder llevar a cabo la misión de Evangelizar repartió entre todos diversidad de funciones: la sabiduría para poder discernir lo bueno y lo recto, el don de profecía, la responsabilidad de presidir y cuidar de la comunidad, de perdonar y reconciliar, de predicar y hacer discípulos, la de cuidar y sanar enfermos, el cuidado de los más pobres y desamparados…
Y tanto los dones y las funciones eran para que sirvieran al bien común, para ponerlos a disposición de los demás para crear comunidad.
3.- Hoy Jesús está presente en el mundo a través de nosotros. Nosotros somos esos discípulos que en el Bautismo y la Confirmación hemos recibido el Espíritu Santo con la plenitud de sus dones y el encargo a cada uno de funciones distintas. Hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio en todos los rincones de la tierra, de hacer discípulos, de bautizar, de enseñar, de anunciar el perdón de los pecados.
Es necesario que hagamos una doble reflexión:
++Necesitamos descubrir cuáles son los dones, las cualidades que el Señor nos ha dado, cuidándolos, haciéndolos crecer para ponerlos al servicio de los demás, para el bien de todos los que formamos la Iglesia y en nuestro caso para el bien de la Gran Familia que somos la parroquia.
++Necesitamos también descubrir para qué servimos, qué tarea podemos hacer bien, para poder colaborar asumiendo las responsabilidades que sean necesarias, de modo que la comunidad parroquial haga visible la presencia de Jesús en nuestro barrio llevando a cabo su triple misión:
+Anunciar el Evangelio por medio de las homilías, las catequesis, las charlas de formación, los grupos de reflexión y de oración, por nuestra coherencia y nuestro buen ejemplo.
+Celebrar los Sacramentos con alegría, con intensidad, con un deseo profundo de encontrarnos con el Señor tanto personal como de forma comunitaria, y así robustecer nuestra fe, crecer en el Amor a Dios y a los demás, viviendo con esperanza y alegría en medio de los trabajos y dificultades que podamos encontrar.
+Vivir unidos en el Amor como una Gran Familia, ayudándonos unos a otros, preocupándonos por el bienestar de todos, atendiendo sobre todo a los más necesitados sin excluir a nadie porque el Señor quiere estar especialmente presente en quienes más necesitan ser amados, tratados con cariño y respeto. Y porque lo que hagamos por cada uno de ellos se lo estamos haciendo a Él.
4.-Pidamos que el Espíritu Santo provoque un terremoto en nuestra vida porque ahora nos toca a nosotros hacer presente a Jesús en el mundo.

