DOMINGO I DE CUARESMA CICLO A
Domingo 1 de Marzo de 2020
REFLEXIÓN
1.- Antes de comenzar su vida pública y entregarse por completo a cumplir su misión, Jesús se retira al desierto como un tiempo necesario de preparación. Es precisamente allí donde es tentado con mayor fuerza y donde Jesús se enfrenta al Diablo con toda su energía.
++Ante el hecho de sentir hambre el Demonio le incita a utilizar su poder divino y sus cualidades en provecho propio de manera egoísta, saciando sus necesidades materiales, haciéndole olvidar que su misión es para el bien de los demás.
Jesús subraya que todo hombre, además de hambre de pan, tiene necesidad de Dios, de un Amor infinito que le haga saberse y sentirse amado por Dios que es un Padre Bueno y misericordioso y que es ese el alimento que prioritariamente tiene que buscar.
++Jesús es tentado a utilizar su poder para brillar ante la humanidad como alguien excepcional, merecedor de un prestigio absoluto y de ser admirado y envidiado por todos y a utilizar su poder según le conviene y para beneficio exclusivo de sus preferidos.
La respuesta de Jesús es advertir a todos que a Dios no se le puede utilizar para beneficio propio. Con Dios no se puede negociar la salvación, no se le puede poner a prueba como si Él necesitara demostrar su poder y su divinidad.
Dios ama a todos por igual porque todos somos imagen y semejanza suya, somos hijos suyos y todo lo nuestro le interesa. Para Él todos somos importantes.
++El cinismo del Demonio llega hasta el punto de pedir a Jesús que rebaje su categoría de Dios, que le adore a él y tendrá más poder que el mismo Dios. No necesitará obedecer al Padre, ni cumplir la misión que se le ha encomendado. Podrá hacer lo que quiera sin necesidad de sufrir. Pero se ha de someter al Diablo.
Jesús rechaza al Tentador con toda su energía. Sólo hay un Dios y sólo a Él se le debe adoración y obediencia. Jesús rechaza cualquier alianza con el mal para conseguir poder y creerse superior a Dios.
2.- Nosotros tenemos las mismas tentaciones:
++Tentados para utilizar todas nuestras cualidades y nuestro esfuerzo para saciar todos nuestros deseos materiales, para tener cuanto más mejor, olvidándonos de que nuestro bien y nuestra felicidad está en saciar nuestra hambre de Dios, escuchando su Palabra, dejándonos amar y cuidar por Él y ser ricos en todos esos bienes que tienen un valor eterno.
++Tenemos la tentación de tener otros dioses, de buscar alianzas con quien sea, incluso con el mismo diablo, para tener poder, dinero, prestigio. Para ser admirados y recibir todo tipo de gloria, alabanzas, premios.
Ceder a esas tentaciones es apartar a Dios de nuestras vidas y pretender que Dios nos demuestre que existe para tenerle en cuenta y hacerle caso y así poder utilizarlo.
++La peor tentación es creer que nosotros somos Dios. Que somos igual que Él. Que podemos decidir lo que está bien y lo que está mal según nuestros intereses. Creernos con el derecho de mandar sobre todos, de someter a todos, decidir sobre la vida de los demás y considerándonos dueños del universo.
3.- Reflexionemos sobre cómo nos enfrentamos a nuestras tentaciones, qué empeño ponemos para no dejarnos arrastrar por ellas y si confiamos en la ayuda del Señor.
Cuando recemos el Padre Nuestro pongamos atención en que le pedimos al Señor que no nos deje hacer en la tentación y que nos libre de todo mal.

