ADVIENTO DOMINGO III CICLO C
Domingo 16 de Diciembre de 2018
REFLEXIÓN
1.- Las lecturas de este domingo son una invitación constante a la alegría porque está cerca el Salvador.
Esta alegría sólo es posible cuando a lo largo de estas semanas ha ido aumentando nuestro deseo de Dios, de su presencia en nuestro corazón y en nuestra vida.
Si estas semanas anteriores Juan el Bautista nos pedía que preparáramos el camino quitando todos los obstáculos y derribando las barreras que impedían nuestro encuentro con el Señor, hoy conviene que pensemos que aún nos queda construir puentes de encuentro y fraternidad que hagan presente el Amor.
2.- Hablamos con insistencia de que estas son unas fiestas especialmente familiares y fraternas, sin embrago siempre no es así.
Hay muchas divisiones y enfrentamientos en las familias, en el trabajo y entre los amigos a causa de envidias, egoísmos, humillaciones, desprecios, malos entendidos; heridas no curadas que dejan un fondo de rencor y enfrentamiento. Y cómo esas divisiones se hacen especialmente patentes cuando intentamos organizar las comidas, los obsequios, los encuentros… y nadie da su brazo a torcer.
3.- Necesitamos construir puentes que hagan posible el diálogo, el encuentro, el perdón, con gestos y actitudes de humildad, de sinceridad, de paciencia, de generosidad, de misericordia.
Gestos que sean expresión del deseo del amor y la paz que Dios quiere sembrar y hacer crecer.
Cuando Juan el Bautista invitaba a convertirse y a cambiar, algunos de los que le escuchan le preguntaban: “¿Y qué tenemos que hacer?” Sus respuestas eran sencillas, concretas y aplicadas a la vida de cada uno: “Si tienes dos capas, regala una; si tienes comida compártela; si tienes autoridad, no hagas extorsión ni abuses; si tienes un buen sueldo, no te quejes y no pidas más…”
Si nos detenemos un poco a pensar, también nos daremos cuenta de lo que nosotros debemos hacer, cada uno según las circunstancias concretas de nuestra vida, qué puentes podemos construir.
Solamente cuando abramos nuestras puertas a que el Señor llene nuestro corazón y cambie nuestra vida, crecerá nuestro deseo, nuestro anhelo de Dios, nos sentiremos llenos de la verdadera alegría, y nuestro camino del Adviento nos habrá servido para que nuestra Navidad sea verdaderamente cristiana.
DELANTE DEL SEÑOR intentemos responder cada uno a la misma pregunta: ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué puentes he de tender?

