DOMINGO III DE CUARESMA CICLO B
Domingo 4 de Marzo de 2018
REFLEXIÓN
1.- Para el pueblo de Israel el Templo era el lugar de la presencia de Dios en medio del Pueblo y por tanto también el lugar del culto, de los sacrificios, de las oraciones… es decir, el lugar del encuentro de los hombres con Dios.
Jesús comprueba que el Templo necesita ser purificado porque se ha convertido en lugar de negocios, se ha llenado mercaderes, de culto falso, de leyes opresoras, de hipocresía y falsedad, de contaminación, de corrupción. Quiere que vuelva a ser la Casa del Padre.
Afirma, aunque no lo entienden, que el verdadero Templo, el verdadero lugar de la presencia y del encuentro con Dios es Él mismo. Y con Él cualquier persona porque es imagen y semejanza de Dios y por tanto Templo de Dios.
2.- Si nos fijamos en nuestra vida, en nuestro comportamiento, en nuestros deseos, nuestras intenciones… el Templo de Dios que somos nosotros está lleno de impurezas y de corrupción, no es, como debería ser, el lugar donde vive Dios y de encuentro con Él de cuantos se acercan a nosotros.
No transmitimos limpieza de corazón, de intenciones, de deseos. Nuestras acciones no son siempre limpias, bondadosas, generosas. Ni tampoco son nuestras palabras constructoras de paz, ni portadoras de perdón y de misericordia.
3.-Nuestro corazón también necesita de limpieza, de purificación, de reconstrucción.
Necesitamos de conversión, como tantas veces nos recuerda la Palabra de Dios en este tiempo de Cuaresma. Necesitamos acercarnos al sacramento de la Confesión para recibir el abrazo amoroso del Padre que nos perdona, que nos acoge en su casa, que quiere compartir nuestra vida, llenarnos de alegría y hacer que nuestra vida sea una fiesta.
Y además, la palabra de Dios nos recuerda que para ser siempre Templos suyos hemos de cumplir los mandatos principales: Amarle a Él con todo el corazón, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro ser, y amar al prójimo con la misma intensidad con la que nosotros somos amados.
4.- Es preciso que no cerremos los ojos a tantos Templos Rotos, olvidados, despreciados, humillados, heridos en su cuerpo y en su alma… como Jesús lo fue, a causa de nuestro pecado, nuestro egoísmo, nuestro orgullo, nuestra pretensión no sólo de ser Templo de Dios sino también de ser Dioses y que necesitan ser reconstruidos, tratados con respeto, recuperar su dignidad y ser mirados como lugares de nuestro encuentro con Dios, porque también son imagen y semejanza suya y hermanos nuestros.
Templos rotos y despreciados como el de Jesús, que sufren su pasión y su crucifixión, y que necesitan y desean participar de la Resurrección.
EN UN MOMENTO DE SILENCIO
** Pidamos al Señor que nos acerquemos al sacramento del Perdón y purifique nuestro corazón para que seamos Templos suyos.
** Que sepamos ayudar a los demás a recuperar su dignidad de Templos de Dios

