TEMPLOS DE DIOS OLVIDADOS

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN
Domingo 9 de Noviembre de 2014
REFLEXIÓN

1.- Para los Judíos el Templo era un lugar especialmente importante. Era la casa de Dios. Era el lugar de la presencia permanente de Dios en medio de su Pueblo. Allí se realizaban las ofrendas, los sacrificios… todo el culto debido a Dios.

Destruir el Templo, dañarlo, profanarlo era un sacrilegio. Era un desprecio a Dios.

Jesús reacciona con una especial energía contra todos aquellos que han convertido el Templo en un mercado, en un negocio, aprovechando la necesidad de animales y monedas para las ofrendas y los sacrificios. Defiende lo sagrado, lo que es debido al Padre.

También nos ocurre a nosotros lo mismo: el Templo parroquial, es la casa de Dios, el lugar donde reside Dios en el sagrario y en donde celebramos los sacramentos y todo el culto debido a Dios. Por eso podemos preguntarnos:

+¿Guardamos nosotros en el Templo el respeto debido?

+¿Celebramos los sacramentos y las oraciones como el culto debido a Dios, con agradecimiento, como expiación de nuestros pecados, como alabanza dándole la importancia que tiene, o como algo rutinario y superficial?

2.-  Atendiendo a la segunda lectura, tampoco podemos olvidar que cada uno de nosotros somos Templo de Dios, casa de Dios. El habita en nosotros por el Sacramento del Bautismo y por el Espíritu Santo que recibimos en la Confirmación. Por eso también nuestro cuerpo, nuestra persona es Templo de Dios.

+¿Lo respetamos y cuidamos como es debido y como Dios se merece?

+¿Lo estropeamos y lo vamos destruyendo por el mal uso que hacemos de él o porque lo sometemos abusos y excesos innecesarios?

+¿Nos preocupamos por adornarlo con nuestras virtudes y nuestras buenas obras?

3.- Aún podemos ir más lejos en nuestra reflexión.

Todas las personas somos Templos de Dios. Todos hemos sido creados a su imagen y semejanza. Y sin embargo hay muchos Templos de Dios que no respetamos, no nos preocupamos de ellos, no los tratamos con la dignidad que merecen.

+No tienen trabajo

+Están sin medios para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, vestido, vivienda, sanidad

+Tantos en la calle enganchados al alcohol, a la droga, sometidos a la soledad, ante los que pasamos como si no existieran.

+Son hermanos nuestros pero ¿nos duele su situación?. Son Templos de Dios y ¿dejamos que se vayan destruyendo?. ¿No hay nada que podamos hacer?

Que el Señor nos dé energía y fortaleza para defender las cosas de Dios, y abra nuestro corazón para ser sensibles y cuidar a los templos de Dios que se van destruyendo tal vez sin darnos cuenta.

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