DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDNARIO CICLO B
Domingo 24 de Junio de 2018
REFLEXIÓN
1.- Tradicionalmente se ha considerado la barca en la que está Jesús como símbolo de la Iglesia. Y podemos añadir que las otras barcas que le acompañan son el símbolo de la sociedad y el mar símbolo de la vida.
Navegamos mar adentro como en alguna ocasión pidió Jesús a los discípulos que lo hicieran, y en el mar encontramos días de calma, de marejada o de tormenta peligrosa. Eso es lo que ocurre a lo largo de nuestra vida:
++ Nos encontramos zarandeados por cantidad de vientos huracanados y tempestades que configuran nuestra sociedad:
//la violencia de las guerras, el terrorismo, la crueldad de cualquier tipo de agresión gratuita e inútil.
//los abusos de poder que se quiere mantener a cualquier precio, las injusticias, las graves crisis económicas, el hambre.
//la falta de valores que se manifiestan en las drogas, el alcohol, el sexo con barra libre, la ludopatía, la dependencia de las nuevas tecnologías demasiadas veces utilizadas para hacer daño de forma indiscriminada e irresponsable, las mentiras, los fraudes.
++Zarandeados por tormentas personales provocadas por la enfermedad inesperada, el fracaso profesional, la fractura de las relaciones familiares, la pérdida de amistades, por nuestro carácter difícil de dominar.
//las crisis de identidad, de creencia y de práctica religiosa. La desorientación que nos lleva a no saber qué hacer con nuestra vida.
2.- Esas crisis que azotan nuestra sociedad y afectan directamente a nuestra vida, también afectan a la barca en la que está Jesús, a la Iglesia, porque la Iglesia somos todos nosotros que navegamos en esa barca y en esta sociedad, y por lo tanto la Iglesia también está azotada y zarandeada por todas esas tempestades.
Todos los pecados, las dudas, la inestabilidad, la necesidad de recuperar la calma, están presentes y se hacen visibles. Y por ser la Iglesia se notan más, se les da más publicidad, son objeto de mayor atención. Y quizá, para quienes vamos en esa barca, de mayor sufrimiento.
3.- Como a los discípulos también a nosotros nos invade el miedo, la angustia, la inseguridad, y tenemos la sensación de que el Señor está dormido, no se da cuenta de todo lo que pasa, no echa una mano para achicar el agua de las barcas que se están hundiendo, no oye ni presta atención a nuestras angustias y a nuestros gritos de socorro.
Y como los discípulos más de una vez nos enfadamos y le echamos en cara: ¡No te importa que nos hundamos!!!!
Y la respuesta de Jesús es la misma: ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Todavía no tenéis fe? ¿Por qué no confiáis en Mí?
4.- Sólo en el Señor encontraremos la calma, la serenidad, la seguridad. Sólo el Señor puede decir a la tormenta y al viento: ¡Silencio! ¡Cállate! ¿Por qué no nos fiamos de Él?
EN SILENCIO y en presencia del Señor
**pongamos en sus manos todas nuestras tormentas, nuestros miedos, nuestras angustias y escuchemos como su voz va calmando nuestra tempestad.
**Acudamos a Él siempre que nos zarandeen las tormentas de nuestra vida.

