DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 13 de Agosto de 2017
REFLEXIÓN
1.-Jesús despide a la multitud que le estaba escuchando, envía a los discípulos a que le esperen en la otra orilla del lago y El se queda solo para orar. A los discípulos les sorprende una enorme tempestad y llenos de miedo se asustan al ver llegar a Jesús que se acerca a ayudarles.
Nos podemos ver muy identificados en esta situación
2.- Nuestra vida es como una barca que navega mar adentro y que con mucha frecuencia se ve zarandeada por enormes tempestades.
*Tempestades que tienen que ver con nuestra fe porque nos sentimos llenos de oscuridad, con muchas dudas e interrogantes, sin saber qué hacer y en qué dirección caminar. Porque nos remuerde la conciencia, porque se debilita nuestra relación con Dios, porque nos parece que el Señor está lejos, guarda silencio y no nos hace caso.
*Nos vemos zarandeados por la dentellada de una enfermedad importante e inesperada que altera todos nuestros planes y nuestra vida.
*Porque se tambalea nuestro trabajo, podemos perderlo, se está hundiendo nuestro negocio, nuestro sueldo es bajo y nos cuesta llegar a final de mes.
*Vivimos en nuestra familia una enorme tempestad por desencuentros, falta de diálogo, falta de comprensión y de respeto, desconfianzas, acusaciones, humillaciones.
*Tempestades en nuestra sociedad y que también nos afectan: Guerras, violencia, abusos de autoridad, injusticias…
*Tempestades en el seno de la Iglesia o de la parroquia por los malos ejemplos, por la incoherencia con laque vivimos, por las ambiciones, el deseo de cargos, la falta de amor, de comprensión, de perdón, la necesidad de una Iglesia renovada, más humana, más cercana, con un lenguaje más sencillo en el anuncio del Evangelio…
3.- Pensamos que estamos solos, que el Señor no se ocupa de nosotros y esperamos un milagro o una manifestación del Señor grande que nos convenza de que está con nosotros y nos ayuda. Pero ese no es el modo de actuar del Señor.
El Señor viene a nuestro encuentro en el silencio, en la brisa suave, como para no molestar. Y como el profeta Elías y como Pedro nos cuesta reconocerlo. Pero el hecho es que el Señor camina con calma por encima de todas las tempestades y nos invita a seguirle, a confiar en El para no hundirnos. Como Pedro también dudamos, nos falta confianza, nos falta estar convencidos de que el Señor está a nuestro lado y no nos abandona.
Sólo cuando no dudamos, cuando confiamos totalmente en el Señor, es cuando encontramos la calma, la serenidad y la paz. Pero dudamos y desconfiamos demasiadas veces.
Pensemos un momento, ¿cuáles son nuestras tempestades, las situaciones que zarandean nuestra vida?
Pidamos al Señor que nos ayude a reconocerlo en el silencio y en las pequeñas cosas d la vida, que aumente nuestra confianza y nuestra fe en El para que nos ayude a recuperar la paz y la calma.

