TE SEGUIRÉ

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 26 de Junio de 2016
REFLEXIÓN
         1.- Jesús siempre nos es presentado caminado, recorriendo todas las ciudades y aldeas anunciando el Reino de Dios.
         A los que quieren seguirle les pide una actitud radical:
*El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza
*Deja que los muertos entierren a sus muertos
*El que echa la mano al arado y sigue mirando atrás, no sirve para el Reino
         2.- Jesús no quiere un seguimiento a medias, a días, según el momento, según las circunstancias… Quiere un seguimiento total y para siempre; quiere un corazón y una vida sólo para Él y rechaza al que pone condiciones y da prioridad a otras personas y a otras cosas que no son Él.
         Alguien puede pensar que esa radicalidad la pide sólo a los que quieren servirle en una vida consagrada en el sacerdocio, la vida religiosa, las misiones… Pero no es así. Nos lo pide a todos, porque todos hemos de amar a Dios sobre todas las cosas, y cada uno debe responder desde las circunstancias concretas de su vida.
         Como os decía el domingo pasado, nos pide a todos que estemos enamorados de Él y que ese amor haga que esté presente en todas las circunstancias de nuestra vida. Por eso nos hemos de preguntar constantemente si es así, si estamos dispuestos a seguir a Jesús, a que sea el centro de nuestra vida y que cuanto hagamos sea por amor y por amor.
         3.- Para ir avanzando  en ese enamoramiento, el trato con Jesús  ha de ser frecuente y constante: en la oración, la Eucaristía, la confesión, la lectura y meditación de su Palabra para ponerla en práctica y para que  oriente nuestra vida.
         Si no es así, nunca llegaremos a enamorarnos absolutamente de Jesús y seremos cristianos a medias, cristianos a tiempo parcial.
         ¡Cuántas veces nuestras palabras no reflejan o no manifiestan la verdad de nuestro corazón! ¡Cuántas veces no damos testimonio creíble de nuestra fe porque nuestras palabras y  nuestras obras están vacías de vida y vacías de amor!
         Que esta Eucaristía sea un encuentro profundo y sincero con el Señor que nos de la fortaleza que necesitamos para decirle: ¡Te seguiré! ¡Te seguiré a donde sea que vayas!

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