SOY YO

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 9 de Agosto de 2020

REFLEXIÓN

          1.- Si nos fijamos en la 1ªlectura nos damos cuenta de que el Señor había enviado al profeta Elías al monte Horeb porque huía de la persecución que sufría cuando llamaba a la conversión y acusaba al Pueblo de no obedecer a Dios. Estaba refugiado en una cueva. El Señor le despierta y le dice que salga porque Él va a pasar.

          Elías, recordando los grandes acontecimientos en los que Dios se ha hecho presente a lo largo de la historia de Israel, espera que ahora también se haga presente en algo grande:

+En un huracán, en un gran terremoto, en un fuego abrasador, pero en ninguno de esos acontecimientos estaba el Señor.

          De repente sopla una suave y tenue brisa, y allí estaba el Señor.

++A nosotros nos pasa algo parecido:

+Como Elías también hay momentos de nuestra vida en que necesitamos del Señor. Pensamos que se nos va a hacer presente a través de acontecimientos o situaciones especialmente llamativas. Pero no es así.

+ Señor se nos hace presente en esos momentos de silencio y soledad en los que tenemos los ojos abiertos y los oídos atentos para descubrirle en los pequeños acontecimientos de cada día.

+Es necesario que busquemos esos momentos de silencio y soledad para darnos cuenta de que el Señor está y ha estado muy cerca de nosotros a lo largo del día y que ha sido entonces cuando nos ha hablado al corazón y nos ha llenado de su presencia.

 

          2.- Si nos fijamos en el Evangelio Jesús nos hace pensar en tantos momentos de nuestra vida en que estamos zarandeados por el viento contrario de muchas dificultades, problemas y sufrimiento, tenemos la sensación de que nos hundimos, nos ahogamos, porque no tenemos fuerzas suficientes para hacer frente a todo y no podemos más.

          El Señor viene a nuestro encuentro, viene en  nuestra ayuda, caminando por encima de tanto agobio y angustia, no le reconocemos, incluso nos puede parecer que es un fantasma, que somos nosotros quienes nos imaginamos que el Señor se nos acerca.

          Sin embargo, como entonces a los discípulos, nos dice con voz potente:

+No tengas miedo, Soy yo, ven y camina sobre tanta zozobra. Basta con que te fies, que confies en Mi.

          Jesús nos está pidiendo que nos fiemos de Él, que confiemos en Él plenamente. Si nos hundimos, siempre está atento a lo que necesitamos, nos tiende la mano, nos levanta, y también nos dice: ¡Qué poca fe!

          En esos momentos de silencio y soledad que hemos de encontrar para estar con el Señor, pidámosle constantemente: ¡Señor, auméntame la Fe!

Scroll al inicio