SORDOS Y MUDOS

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 6 de Septiembre de 2015
REFLEXIÓN        
         1.- Al leer y reflexionar este pasaje del Evangelio, me siento identificado con el sordomudo del Evangelio. Y creo que muchos nos podemos sentir identificados con él.
ESTAMOS SORDOS
         + Sordos para escuchar la Palabra de Dios. Ante la Palabra de Dios tenemos una actitud de distracción, poca atención y desinterés.
 A veces sólo atendemos y entendemos lo que nos interesa. Y otras veces no queremos escuchar porque nos cuestiona y nos pide otra forma de vivir. Es mejor no escuchar y olvidar lo que nos conviene.
         + Sordos para escuchar a los demás. Oímos con gusto, los halagos  y felicitaciones, pero  nos hacemos los sordos cuando nos corrigen, o nos dicen que somos incoherentes, que decimos y hacemos lo que nos interesa, que mentimos y buscamos nuestro propio provecho aunque hagamos daño a los demás.
         + Somos sordos a los gritos de ayuda y al llanto de los excluidos, los que pasan hambre, los enfermos, los que están solos, los que no tienen trabajo, los que son víctimas de injusticias absurdas. Y esa sordera nos hace vivir de espaldas y al margen de los problemas y los sufrimientos de los demás.
         2.- SOMOS MUDOS
         + Ante todas las realidades de injusticia, de abuso de autoridad, de exclusión, de decisiones interesadas o absurdas de quienes gobiernan. Preferimos callar para no complicarnos la vida y no meternos en problemas.
         + Somos mudos cuando nos avergonzamos de ser cristianos. Y callamos ante comportamientos, criterios, opiniones, decisiones claramente contrarias a la Ley de Dios, a las enseñanzas de Jesús y a la dignidad de las personas.
         + Somos mudos cuando tenemos la oportunidad de hablar de Jesús y anunciar su mensaje  de amor, de paz, de perdón… y no aprovechamos el momento.
         3.- El sordomudo acudió a Jesús, lo curó y proclamó a grandes gritos  lo que Jesús había hecho con él a pesar de que le pidió que callara.
         Tal vez nosotros también necesitamos acudir a Jesús con humildad  suplicando que nos cure para que sepamos escuchar, podamos cambiar de forma de pensar y de vivir,  proclamar la salvación de Dios con alegría, y denunciar todo cuanto es contrario al mensaje de Jesús que quiere el bien para todos los hombres.
         Sólo cuando la voz del Señor llegue a lo más profundo de nuestro corazón podremos anunciar sin miedo el mensaje de Jesús.
         Que esa sea hoy nuestra oración, nuestra súplica y nuestro compromiso en esta Eucaristía.

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