SOMOS CIEGOS

DOMINGO IV DE CUARESMA CICLO A

Domingo 26 de Marzo de 2017

REFLEXION

         1.- Este pasaje del Evangelio es como una catequesis en la que Jesús afirma de sí mismo que es la Luz del  mundo y por tanto también de cada uno de nosotros.

         El ciego del Evangelio podemos ser nosotros. Hay muchas zonas oscuras en nuestra mirada y en nuestra vida que nos impiden ver con los ojos de Dios a nosotros mismos, a los demás y a todo lo que nos rodea.

*No somos capaces de reconocer nuestros malos pensamientos, nuestros malos sentimientos, nuestros malos deseos, nuestras malas obras. Estamos tan acostumbrados a verlo todo con oscuridad que nos parece normal.

*Sólo vemos lo oscuro que hay en los demás y por eso juzgamos, despreciamos, rechazamos, excluimos a todos los que no piensan o no son como nos gustaría que fuesen, o a los que nos molestan y nos incomodan en nuestra vida y nuestra actividad diaria. Nos cuesta ver lo bueno de cada persona.

*Del mismo modo sólo vemos lo feo de nuestro entorno, los comportamientos injustos y violentos, comportamientos mentirosos, tramposos, avariciosos; los excesos de autoridad y las distintas varas de medir. Y nos cuesta valorar todo lo bueno que hay en nuestro entorno tanto por el comportamiento de cada uno como las organizaciones de cualquier signo que trabajan por aliviar el sufrimiento de la gente y resolver las situaciones difíciles de muchos.

  2.- Hemos de darnos cuenta de todas esas zonas oscuras que hay en nuestra vida para que, iluminadas por la Luz de Jesús, descubramos la necesidad de cambiar y mejorar.

*Cambiar nuestra vida para que poco a poco nos vayamos pareciendo más a Jesús, vayamos creciendo la Vida de Dios que recibimos en el Bautismo y vaya manifestándose en todos los aspectos de nuestra vida.

*Cambiar y mejorar nuestra manera de ver a los demás, reconociendo en cada persona un hijo de Dios, un hermano que necesita ser tratado con cariño y respeto, que necesita ayuda, comprensión, apoyo… Que necesita recuperar su dignidad.

*Urge ver la belleza y la bondad de todo lo creado para alabar, bendecir y agradecer a Dios todos los regalos que ha puesto en nuestras manos. Y urge también cuidarlo todo con enorme responsabilidad, todo lo que forma parte de nuestra casa común, especialmente la vida en todas sus manifestaciones.

     No somos dueños, sino administradores de todo lo que Dios ha creado.

   3.- Ante el Señor, en cuyo nombre estamos reunidos, pensemos cuáles son nuestras cegueras, nuestras zonas oscuras, y digámosle con humildad: ¡Señor, que vea!

    No pensemos que no estamos ciegos porque nosotros vemos las apariencias, pero el Señor ve el fondo de nuestro corazón.

Scroll al inicio