SER SERVIDOR

DOMINGO XXV DEL TIEMPO CICLO B

Domingo 23 de Septiembre de 2018

REFLEXIÓN

          1.- Los discípulos no entendieron nunca lo que Jesús quería enseñarles sobre el Reino de Dios. Pensaban en un reino al estilo de los hombres, por eso discutían entre ellos quien iba a ser el más importante, quién iba a mandar más.

          Han pasado más de dos mil años y seguimos igual. Nuestras ambiciones, nuestros intereses personales y nuestros egoísmos nos empujan a querer ser los más importantes, a tener los cargos más altos, a mandar sobre los demás.

Estas ambiciones hacen salir a la vista de todos nuestras pasiones más feas y lo peor de nosotros mismos: las envidias, los rencores, los enfrentamientos, las calumnias, mentiras, difamaciones, violencias, llevándolas hasta el extremo de la guerra y la destrucción por tener o mantener lo que ambicionamos.

          Es desde ahí, desde lo peor de nosotros mismos, desde donde estamos destruyendo el mundo, los ambientes en que nos movemos y todas las instituciones, también las religiosas, incluso la paz y armonía en la misma Iglesia.

          2.-Jesús sorprende a sus discípulos en esta discusión y cuando les pregunta, callan avergonzados.

          Pero va aún más lejos en su sorpresa. Les plantea que el que tiene el cargo más importante, el que más manda, tiene que ser el que más sirve, tiene que ser el esclavo de todos.

          Tiene que estar dispuesto a servir siempre que se lo pidan y si no se lo piden ofrecer su ayuda cuando ve que hace falta su colaboración. Pero no hay que hacerlo de cualquier manera, sino con amor y bondad de corazón porque la medida del amor verdadero es el servicio.

          Hay que servir con una sonrisa, con buenos modales, con atención y delicadeza hacia quien necesita el servicio, con generosidad de entrega, y sin pedir nada a cambio porque es así como lo hacía Jesús.

          Hay que hacerlo acogiendo a los demás con la ternura, la comprensión y la paciencia con que se acoge a un niño porque el niño lo necesita todo y necesita de todos.

          3.- Podemos aprender algo más. Podemos y debemos ser como un niño. No somos perfectos, no lo sabemos todo, ni servimos para todo. Necesitamos aprender, necesitamos ayuda y apoyo.

          Podemos y debemos ser como un niño porque también en algún momento necesitamos ser acogidos con comprensión, con bondad, con ternura, con paciencia; y hemos de saber pedir ayuda con humildad y confianza, aunque a veces nos llevemos la sorpresa del desamor.

          4.- Vivir amando y con actitud de servicio implica con frecuencia el sufrimiento, como así le ocurrió a Jesús y así nos lo recuerda hoy en el evangelio. Por eso nos hemos de preguntar si estamos dispuesto a aceptar el reto del amor tal como Jesús nos está planteando.

 

          GUARDEMOS UN MOMENTO DE SILENCIO y pensemos un poco en todo esto.

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