DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 12 de Julio de 2020
REFLEXIÓN
1.- A pesar de que la parábola que nos propone el Evangelio de hoy nos es muy conocida, es bueno que volvamos a reflexionar sobre su significado y su incidencia en nuestra vida cristiana.
++ El Sembrador es Jesús y la simiente es su Palabra. Una simiente que esparce a manos llenas en todos los rincones del mundo a través de los sembradores que le ayudan.
++ Una parte de esa semiente cae en la tierra dura y reseca de los corazones que cierran los oídos, no escuchan ni quieren escuchar, y la Palabra resbala como resbala el agua sobre la piedra y la tierra dura, sin dejar ninguna huella.
++ Otra parte de la simiente cae sobre el terreno pedregoso de quienes llevan una vida superficial, vacía de sentido, carente de proyectos y metas que valgan la pena. La pereza, la comodidad, el no prestar atención más que a lo inmediato y fácil, hacen que la semilla se seque pronto y no llegue a brotar
++ Hay una parte de la buena semilla que cae en esos corazones que la escuchan con atención y con interés, pero que las pasiones, los quehaceres de la vida, la personalidad débil, el dejarse arrastrar por el entorno, los malos ejemplos, el deseo de obtener resultados inmediatos, la falta de esfuerzo y la inconstancia, impiden que los brotes no lleguen a crecer lo suficiente para dar fruto, y los buenos deseos de un principio se conviertan en un quiero y no puedo.
++ Por último hay una parte de la semilla que cae en tierra buena, en esos corazones que constantemente se van preparando, como el labrador prepara la tierra, protegiéndola siempre de los enemigos que siembran mala semilla, de los vientos recios que la resecan, vigilando para que nadie la arranque a destiempo, hasta que en su momento dé el fruto debido.
Unas veces dará el treinta, o el sesenta, o el ciento por uno, pero llenará de alegría el corazón de quien ha acogido la siembra como un regalo que va transformando su vida y dando un fruto del que también podrán disfrutar los demás.
2.- Precisamente por eso, no podemos olvidar que también nosotros somos sembradores.
Sembramos cuando los frutos que produce en nosotros la Palabra de Dios repercuten en nuestra relación con los demás y se van esparciendo como los granos de una buena semilla que cae en el corazón de quienes nos rodean.
Son sembradores los padres de familia cristianos que van dejando con su palabra y su ejemplo la buena semilla en el corazón de sus hijos.
Siembran los educadores cristianos, los catequistas que regalan su tiempo, su fe hecha experiencia, su formación y su sabiduría acumulada con el paso de los años, los sacerdotes y misioneros que cumplen con el encargo de garantizar que el Mensaje del Evangelio nutra la vida y fortalezca la fe de aquellos que se les ha encomendado y llegue a todos los rincones del mundo.
3.- Preguntémonos hoy qué clase de tierra es nuestro corazón y qué clase de sembradores somos nosotros. No defraudemos la confianza que el Señor tiene puesta en nosotros.

