DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 10 de Julio de 2016
REFLEXIÓN
1.- Los sacerdotes, los levitas, los fariseos, los doctores de la Ley, eran los que presumían de saber y cumplir todos los preceptos que mandaba la Ley. Por eso, cuando el letrado pregunta a Jesús quién es mi prójimo, le responde con la parábola del samaritano bueno.
En la parábola son precisamente el sacerdote y el levita quienes pasan de largo y dan un rodeo para no ver al hombre solo y apaleado como si no viéndolo es como si no existiera.
Es el samaritano, que no pertenece al pueblo judío ni está obligado a cumplir la ley, el que se para, lo cura, lo lleva a la posada, paga al posadero, y a su regreso se interesa de su estado y si hay alguna deuda que pagar.
Es el Samaritano el que tiene un corazón misericordioso y generoso, lleno de ternura y de bondad; el que tiene un comportamiento ejemplar. En cambio, los que deberían ser fieles cumplidores de la Ley y dar ejemplo, son los que actúan mal por muy piadosos que pretendan aparentar.
2.- Esta parábola nos pone en situación de preguntarnos: ¿A quién nos parecemos? ¿Con quién nos identificamos?
Yo soy el primero que por mi condición de sacerdote me debo plantear si cumplo los mandamientos, si amo al prójimo como Jesús quiere, y si mi comportamiento sirve de ejemplo a los demás, o pongo escusas y doy rodeos para justificarme porque no hago lo que debo.
Las mismas preguntas nos las deberíamos plantear todos los cristianos porque no basta cumplir con nuestras obligaciones religiosas; es necesario vivir amando a todos, especialmente a los que más sufren, tal como hizo Jesús.
3.- En nuestra sociedad podemos encontrar muchos Samaritanos buenos que sin presumir de cristianos e incluso sin ser creyentes, son un ejemplo para nosotros porque entregan su vida, regalan amor a los que más sufren y ponen en cuestión nuestro modo de proceder.
Y tampoco podemos olvidar que Jesús es siempre nuestro Buen Samaritano, el que está siempre pendiente de nosotros, cura las heridas de nuestro corazón, está atento a nuestras necesidades y pone en nuestro camino otros samaritanos que nos tienden la mano y nos ayudan.
Preguntémonos hoy qué estamos dispuestos a hacer como buenos samaritanos. Y pidamos al Señor que seamos lo bastante humildes para que nos dejemos ayudar por Él y por los demás.

