RESUCITADOS

DOMINGO DE RESURRECCIÓN CICLO B

Domingo 1 de Abril de 2018

REFLEXIÓN

          1.- Después de haber vivido la experiencia de la muerte de Jesús, de estar hundidos por la sensación de fracaso y paralizados por el miedo, el anuncio de la resurrección de Jesús fue, para todos los discípulos, una explosión de alegría y entusiasmo.

          Recuperaron los ánimos y la esperanza, se fortaleció su fe y la seguridad de que Jesús cumplía su palabra y sintieron la urgente necesidad de contarlo a los demás.

 

          2.- Hay veces que nosotros también nos encontramos desanimados y tristes, se debilita nuestra fe y nuestra esperanza, nos parece que estamos siempre igual, que no avanzamos, que no mejoramos y estamos estancados.

          Precisamente por eso, cada Pascua, y también cada día, la Iglesia grita con fuerza que Jesús ha resucitado, que vive, que está entre nosotros, que camina a nuestro lado cada día y que no nos deja solos.

          Si abrimos nuestro corazón a su presencia, si nos dejamos amar, si nos dejamos cuidar y envolver por su misericordia, el Señor nos irá transformando y renovando, nos irá resucitando, llenando de luz nuestra vida y hará que también seamos luz y alegría para los demás.

 

          3.- El mundo necesita de Jesús resucitado y de nosotros, de nuestra vida llena de alegría y esperanza, de nuestras obras de bondad, de misericordia, de perdón y de paz. Hemos de hacer visible el Amor y la Vida Nueva que nos regala Jesús. Y hemos de hacer creíble que es posible un mundo nuevo, un mundo mejor, un mundo en el que esté presente la justicia, el amor y la paz.

 

          4.- No confiemos en nuestras fuerzas ni en los medios materiales de que disponemos. Confiemos sólo en el Señor; en que su resurrección, que es el triunfo sobre sus enemigos, el pecado y la muerte, es también el triunfo sobre toda clase de mal que hay en el mundo.

          Confiemos en que, si nos dejamos resucitar y renovar, podremos ser constructores de un mundo nuevo siendo portadores de la Vida Nueva de Jesús Resucitado.

          Nuestro mundo necesita con urgencia no sólo un mensaje de vida y esperanza sino, sobre todo, de signos visibles de que esa vida y esa esperanza son una realidad. Y de esos signos, de ese testimonio, somos portadores nosotros.

 

          5.- Aunque sólo sea en nuestro pequeño mundo en el que nos movemos cada día, no olvidemos nunca ser portadores de signos de resurrección.

 

REFLEXIONEMOS UN MOMENTO

**¿Qué puedo hacer para comenzar a vivir como resucitado?

**¿Cómo y dónde puedo ser signo de vida nueva y de resurrección?

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