RAMOS

DOMINGO DE RAMOS CICLO C
Domingo 20 de Marzo de 2016
REFLEXIÓN        
         1.-Este domingo es como un gran pregón. Un anuncio de la Semana Santa. La lectura dela Pasión pone ante  nuestros ojos los acontecimientos más dolorosos de la vida de Jesús pero a la vez el acontecimiento más triunfal: Su entrada en Jerusalén.
         Llega a Jerusalén para la fiesta de la Pascua montado en un borrico adornado con los mantos de sus discípulos. Como un Rey, pero como un rey pobre; y también como un rey querido ya que le acompañan sus discípulos y una  multitud que se les va agregando gritando con alegría: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡El Rey de Israel! ¡Paz en la tierra! ¡Gloria en el cielo!
         Además de esa multitud que lo alaba y le acompaña con alegría, está también la otra multitud de espectadores. Son unos simples curiosos que quieren saber lo que pasa y quién es el que llega. Una multitud que no se implica en nada.
         Y están también sus enemigos, los que quieren que desaparezca, quieren su muerte, quieren que calle para  siempre y están buscando  el momento de prenderle.
         2.- A pesar de que nos distancian tantos años, en nuestra sociedad también están los enemigos de  Jesús que quieren hacerlo desaparecer, que la gente se olvide de Él, que su mensaje no sea escuchado porque pone en evidencia que somos una sociedad egoísta, individualista e injusta.
         Siguen habiendo espectadores que contemplan todas las manifestaciones religiosas de estos días como un espectáculo cultural que forma parte dela tradición y de las costumbres delos pueblos.
         Estamos también los discípulos, los que queremos acompañar a Jesús gritando que es el que viene en el Nombre el Señor, que es el rostro visible de la  misericordia de Dios, que es el fuego del Amor de Dios presente en el mundo y en nuestros corazones.
         3.- Tengamos un poco de cuidado y no seamos sólo espectadores. Vivamos esta semana como la vivieron sus discípulos. Que no sea una semana de vacaciones, sino la ocasión de alimentar y fortalecer nuestra fe, de tener tiempo para el Señor y para estar junto a Él, para sentirnos más unidos como discípulos suyos y gritar con alegría que ha resucitado, que  vive  y que está siempre a nuestro lado.
         Cada uno donde estéis, no seáis espectadores.    

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