DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 13 de Septiembre de 2015
REFELXIÓN
1.- Vosotros quién decís que soy Yo?
Podemos dar respuestas de libro aprendidas en la clase de religión y en las catequesis. Pero eso no es lo que espera el Señor ni la gente. Esperan la respuesta que nace del corazón, la respuesta que para nosotros es vida.
Si no somos capaces de dar una respuesta que esté empapando toda nuestra vida, tendremos que pararnos a pensar si nuestra fe es una fe muerta, una fe que sólo son palabras y apariencias, porque la fe viva traspasa la frontera del pensamiento y rebosa en nuestras obras, actitudes y comportamientos.
¿Es nuestro comportamiento propio de un cristiano? Manifiestan nuestras obras que vivimos o hacemos lo que creemos, o por el contrario nuestra fe va por un camino y nuestra vida por otro?
2.- Jesús nos advierte muchas veces en el Evangelio que poner en práctica su mensaje, no es fácil. Más bien es duro. Es llevar nuestra cruz de cada día y seguirle viviendo como El vivió. Y hacer las cosas de otro modo es pensar como los hombres, no como Dios.
3.- Ambas afirmaciones de Jesús nos conducen a preguntarnos si nuestro conocimiento del mensaje de Jesús es superficial, poco serio y profundo; o quizá hemos de preocuparnos de mejorar nuestra formación cristiana. Y si el mensaje que hemos recibido lo hemos reflexionado y profundizado y lo hemos convertido o lo estamos convirtiendo en vida.
Si lo estamos convirtiendo en vida, casi sin darnos cuenta estaremos siendo evangelizadores porque nuestras obras y nuestro comportamiento será un constante anuncio del mensaje de Jesús.
Y también debemos preguntarnos si, porque en ocasiones nos resulta difícil, estamos dispuestos a cargar con la cruz y ser fieles a nuestros compromisos personales con el Señor.
No vale la excusa de que abandonamos o no queremos seguir con el esfuerzo de ser cristiano porque es duro, trabajoso y sacrificado como lo fue para Jesús porque no podemos olvidar que ser fiel hasta la muerte sólo es posible para el que ama como nos amó el Señor.
¿Qué queremos hacer?
Esa es la pregunta que hoy debemos hacernos ante el Señor y descubrir qué estamos dispuestos a responder.

