PORTADORES DE DIOS

DOMINGO IV DE ADVIENTO CICLO C
Domingo 20 de Diciembre de 2015
REFLEXIÓN
         1.- En este cuarto domingo de adviento la liturgia nos propone como protagonista a María.
         *Ella es la mujer llena de Dios. El ángel la ha saludado como llena de gracia, le ha anunciado que el Espíritu Santo la cubrirá con su sombra y su  Hijo será el Salvador, el Hijo de Dios.
         La presencia de Dios la envuelve y la llena de su Vida.
         *Cuando se encuentra con Isabel el niño que esta espera (que será Juan el Bautista) salta de alegría en el vientre de su madre.
         Isabel, asombrada y emocionada la llama: Madre de su Señor porque María es la portadora de Dios, la que lo hace presente y cercano a la persona y en la casa de su pariente.
         *María ha ido corriendo a casa de Isabel  para acompañarla y ayudarla en los últimos meses de su embarazo.
         No ha hecho falta nada más para ser portadora de Dios: Ir corriendo a ayudar,  sin que nadie se lo pidiera, con la alegría de hacerlo con todo el Amor de Dios que Ella llevaba en su corazón.
 
         2.- Como María nosotros hemos de ser portadores de Dios haciéndole presente con nuestras palabras, con nuestros gestos, con nuestras pequeñas obras de cada día hechas con generosidad y con una sonrisa. Pero sobre todo con la disponibilidad de ayudar y servir a quien nos necesite.
         Pero para eso, también como María, hemos de estar llenos de Dios, nuestra vida ha de estar envuelta de la presencia de Dios, y a ello nos ha ido conduciendo la Palabra de Dios durante todo el Adviento.
         ¿Estamos aprovechando este tiempo para purificar nuestro corazón y que el Señor nos llene de su presencia?
 
         3.- Estas fiestas son especialmente familiares y pueden ser una ocasión  preciosa para hacer presente al Señor en nuestras familias con nuestro comportamiento, estando especialmente dispuestos a ayudar a quien nos necesite, regalando a quienes estén con nosotros gestos de cariño, de bondad, de ternura y de paz que hagan felices a los demás y transmitan la alegría de que el Señor también ha nacido en nuestro corazón.
         Pidamos a la Virgen a ser como Ella y a cuidar a los demás como Ella cuidó a Jesús.

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