PERDONAR

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 17 de Septiembre de 2017

REFLEXIÓN

         Fijémonos en el comienzo de este pasaje: Pedro le pregunta a Jesús si ha de perdonar hasta siete veces y Jesús le responde que hasta setenta veces siete. Expresión que en aquel entonces equivalía a siempre.

         La parábola que añade a Jesús nos hace reflexionar sobre varias cosas:

         1.- El perdón no es cuestión de contabilizar el número de veces que hemos de perdonar, sino que es una actitud ante las personas que brota del corazón.

         El perdón no es el primer sentimiento que tenemos cuando alguien nos ofende. Nos cuesta perdonar y a veces nos cuesta mucho.

         Hay ofensas que nos causan heridas tan profundas que tardan mucho en curarse y no las podemos olvidar por mucho que lo intentemos; pero no podemos dejarnos llevar por ese recuerdo y por ese dolor.

         El perdón como actitud es, a pesar de no poder olvidar la ofensa, estar dispuesto a acoger y a tender la mano si el que nos ha ofendido nos pide ayuda.

         2.- ¿Cómo podemos superar la ofensa y llegar a tener una actitud de misericordia?

         Solamente cuando hemos vivido la experiencia de ser perdonados.

         Cuando alguien a quien hemos ofendido nos ha perdonado de corazón, recuperamos la paz, la serenidad y la alegría al sabernos tratados con misericordia y  comprensión.

         Esa experiencia es la que tenemos cuando nos confesamos bien. Cuando nos acercamos al Sacramento del Perdón poniendo nuestras miserias en manos del Señor y su Amor sin límites llena nuestro corazón.

         Y algo más: El Señor no cuenta cuántas veces le pedimos perdón porque hacemos mal las mismas cosas porque quiere que estemos junto a El, que vivamos con alegría. Nos perdona setenta veces siete y espera que nosotros hagamos lo mismo.

         3.- No es justo, como no lo fue el comportamiento del empleado de la parábola, no perdonar al que nos ofende cuando Dios nos perdona tantas veces y no dudamos que siempre lo hace.

         La desproporción entre nuestras ofensas a Dios y las que nos hacen a nosotros es tan grande como la de los personajes de la parábola.

         No nos creamos  con derecho a juzgar y condenar cuando nosotros no hemos sido juzgados ni condenados por el Señor.

         4.- Tal vez necesitamos acercarnos a la confesión no con la rutina con que lo hacemos muchas veces, sino con un sincero arrepentimiento y una profundidad de sabernos amados y perdonados por el Señor para poder hacer nosotros lo mismo.

REFLEXIONEMOS UN MOMENTO EN SILENCIO:

*¿Cuántas veces y en cuantas ocasiones no perdonamos o no queremos perdonar?

*¿Hemos de cambiar nuestra actitud ante el Sacramento de la Confesión y llamarlo mejor el Sacramento del Perdón?

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