PENTECOSTÉS

DOMINGO DE PENTECOSTÉS CICLO B
Domingo 24 de Mayo de 2015
REFLEXIÓN
         1.- Nos es familiar la primera lectura que habla de la venida del Espíritu Santo como un viento recio y un fuego ardiente que todo lo transforma y lo llena del amor de Dios. Que quita todos los miedos e ilumina la mente de los discípulos con la luz de la verdad, empujándoles a salir de su encierro y contar a todos lo que les acababa de ocurrir y explicar lo fundamental del mensaje de Jesús.
         Pero hay algo más de lo que nos habla la segunda lectura y, que a mi entender, no podemos pasar por alto:
         a/ El Espíritu reparte sus dones a cada uno según a El le parece conveniente. Pero todos los dones son para el bien común, de forma que todos se enriquezcan con los dones de los demás.
         b/ Repite el Señor muchas veces que sólo quiere que sus discípulos se mantengan unidos por el amor siendo la unidad el don más grande y más valioso del Espíritu.
         S. Pablo compara la variedad y la unidad al cuerpo humano. Igual que el cuerpo tiene muchos miembros pero es un solo cuerpo, y cada miembro cumple su función siendo todos igual de importantes, incluso los más pequeños, así también es la Iglesia, así es también cada comunidad parroquial.
         Hay diversidad de funciones, de tareas a realizar, de servicios que prestar… para bien de todos; y son igual de importantes los servicios que más se ven hasta los más humildes que quizá con frecuencia no se valoran.
         Son distintos pero juntos forman y construyen la unidad de la Iglesia, de la comunidad parroquial.
        
         2.- Muchas veces y en muchas ocasiones la Iglesia no ha permanecido unida y se ponen de manifiesto diferencias, opciones, enfrentamientos, críticas hechas con cierta maldad… que rompen la unidad y manifiestan la falta de amor.
         Lo mismo puede pasar en la comunidad parroquial y todos debemos vigilar que no ocurra, porque actuar con falta de amor, quizá pensando sólo en uno mismo, no sólo es desaprovechar los dones del Espíritu Santo que cada uno posee para bien de los demás, sino también actuar de manera opuesta al mandato y deseo de Jesús.
         ¡Que todos sean uno, Padre, como Tu y yo somos uno, para que el mundo crea! Así rezaba Jesús.
         Permaneced en mi amor. Amaos los unos a los otros…
         Sólo por la acción del Espíritu en nosotros podemos llamar a Dios Padre, sabernos y sentirnos miembros de una gran familia y, a pesar de que somos distintos, permanecer unidos por el mismo amor.
         Sólo así el mundo puede creer que la Iglesia y todo lo que hace la Iglesia es fruto de la acción de Dios.
         Recemos por la unidad de la Iglesia y la de todas las Iglesias cristianas.
         Que esa unidad que el Espíritu nos regala hoy la cuidemos y la mantengamos siempre.

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