PAZ

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA CICLO C

Domingo 28 d Abril de 20199

REFLEXIÓN

          1.- Cada encuentro de los discípulos con Jesús resucitado fue un regalo que consolidaba poco apoco su fe y su convicción de que Jesús estaba vivo. Es también el regalo que nos hace a nosotros que hemos celebrado con alegría su Resurrección.

          El saludo de Jesús era siempre el mismo: PAZ A VOSOTROS. Un deseo que llega al fondo del corazón y que tenía y sigue teniendo tres dimensiones:

++Paz con nosotros mismos.

Necesitamos encontrar la paz aceptando toda la realidad de nuestra vida, reconociendo y amando lo bueno que hay en nosotros y reconociendo también nuestras debilidades, nuestros errores, nuestros pecados, el daño que nos hacemos a nosotros mismo y el daño que hacemos a los demás.

Necesitamos amarnos tal como somos y a pesar de cómo somos.

++Paz con Dios.

          No sólo hemos de saber que Dios nos ama, sino que además hemos de dejarnos amar, cuidar, acompañar, ayudar. Hemos de aprender a reconocer a Jesús resucitado caminando a nuestro lado y a apoyarnos en Él en los momentos difíciles, en las situaciones en las que nos encontramos débiles y nos faltan fuerzas. Y dejar que ilumine nuestro camino en los momentos de oscuridad.

++Paz con los demás.

          La paz con los demás brota en el momento en que, sabiéndonos amados y perdonados por Dios tantas veces como acudimos a Él suplicando su misericordia, nos sentimos urgidos a pedir perdón y perdonar a quienes nos han ofendido, tendiendo puentes de encuentro y diálogo.

          2.- Junto al regalo de la Paz Jesús les encomendó y nos encomienda una misión: COMO EL PADRE ME HA ENVIADO, ASÍ OS ENVÍO YO.

          Nos envía a anunciar la Buena Noticia de que se ha cumplido la promesa de salvación hecha por Dios después del Pecado. Anunciar y ofrecer el Amor misericordioso de Dios que siempre nos perdona, siempre nos ayuda y siempre nos escucha.

          Y no olvidar que sólo el perdón, fruto del Amor, es el origen y el camino de la paz.

          3.- Y para cumplir eficazmente la misión concede a los discípulos una potestad: A QUIENES PERDONÉIS LOS PECADOS LES QUEDAN PERDONADOS.

          Hemos sido enviados a perdonar, a ofrecer el perdón, a regalar abrazos y tender puentes de diálogo, de encuentro, de acogida, de reconciliación.

          No podemos ofrecer y regalar el perdón con generosidad y con vedad si antes no nos hemos sentido totalmente perdonados. Y ese perdón total y sin límites lo encontramos en el sacramento de la confesión, que por eso también lo llamamos Sacramento del Perdón y de la Reconciliación.

          4.- El Perdón y la Paz llena nuestro corazón de alegría, nos hace sabernos resucitados y convertidos en hombres nuevos. Si hemos vivido y celebrado intensamente estos días, ese debe ser el primer y más importante fruto en nosotros de la resurrección del Señor.

          No perdamos la alegría, pidamos perdón y ofrezcamos nuestro perdón sin poner condiciones, y colaboremos eficazmente a construir la paz en este mundo nuestro que tanto la necesita.

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