PAZ

SANTA MARIA MADRE DE DIOS

Día 1 de Enero de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Desde el comienzo de la historia los hombres estamos marcados por el primer pecado y sus consecuencias. Queremos ser como Dios y decidir por nuestra cuenta lo que está bien y lo que está mal. En ocasiones nuestras decisiones son buenas porque somos imagen y semejanza de Dios, pero la mayoría de las veces las tomamos movidos por el orgullo y el egoísmo.

          La consecuencia es que esas decisiones sólo sirven para destruir.

++Destruimos la naturaleza, NUESTRA CASA COMÚN, como la llama el Papa Francisco, la ensuciamos y la maltratamos con toda clase de contaminación, abusando de ella según los intereses económicos, aniquilando toda clase de especies animales y vegetales, explotándola sin ningún tipo de control.

++Nos destruimos a nosotros mismos no respetando nuestra vida ni nuestra salud, sometiendo nuestro cuerpo y nuestro organismo a toda clase de excesos: exceso de trabajo y falta de descanso, excesiva y mala alimentación, alcohol, drogas, sedentarismo. Situaciones extremas que producen estrés y depresión.

          Nos dejamos llevar por nuestras pasiones y nuestros instintos descontrolados, nuestros vicios, y vivimos muchas veces llenos de tristeza, de amargura, desánimo, desilusión.

++Cuando nos destruimos a nosotros mismos, destruimos también a los demás.

          Provocamos injusticias y hambre en nuestro entorno y en el mundo. Desajustes económicos, aumento de la pobreza y desigualdades sociales aumentando así las diferencias entre ricos y pobres. Difícil acceso a una vivienda digna, al mundo de la educación y del trabajo. Causamos abusos, humillaciones, desprecios.

          Nos empeñamos en imponer nuestra opinión y nuestros criterios, no respetando lo que piensan los demás.

          Y todo eso provoca enfrentamientos y guerras, ira, agresividad y violencia, lucha por defender los propios derechos. Violencia y agresividad en las familias, en el trabajo, entre los que piensan distinto a nosotros, la no aceptación del diferente, del disminuido, del que nos molesta. Nos creemos con derecho a decidir sobre nuestra vida y la vida de los demás…

          2.- Nos guste o no reconocerlo, eso es lo que muchas veces hacemos.

          De la misma manera que destruimos, también está en nuestras manos ser constructores de paz aprovechando todo lo que somos y tenemos poniéndolo al servicio de los demás.

Somos nosotros quienes hemos de trabajar por el respeto y la dignidad de todas las personas, por reconocer que todos somos hijos de Dios y tenemos los mismos derechos. Hemos de hacer las cosas con una intención recta, con bondad y generosidad, con paciencia y humildad, con el empeño de tratar a todos por igual y hacer felices a todos.

          3.- Sólo el Señor puede cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne. Sólo Él puede darnos buenos sentimientos, buenos deseos, que nos permitan actuar con misericordia.

          Por esa razón la Iglesia convoca a todos el primer día del año a orar juntos por la paz. Paz en nuestro corazón, en nuestra familia, en nuestro entorno y en el mundo. Y fortaleza y valentía para ser constructores de paz.

          Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, cuya fiesta hoy celebramos, interceda por nosotros, nos proteja y nos cuide siempre.

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