DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 19 de Julio de 2015
REFLEXION
Las lecturas de hoy parecen especialmente pensadas para los sacerdotes. Pero también pueden estar elegidas pensando en todos los que de alguna manera son pastores de los demás: padres de familia, catequistas, profesores y educadores…
1.- En la primera lectura el Señor se lamenta de que la manera de actuar de quienes son malos pastores y hace un enorme daño a los demás, especialmente a los que se les ha encomendado, a los que son su rebaño:
Los desorientan, se despreocupan totalmente de ellos, los desperdigan, no les escuchan, ni siquiera les conocen.
Pero el Señor, que es el Pastor Bueno, promete mandar pastores que cumplan con su misión, que reúnan a sus ovejas, les orienten y les cuiden.
Nos toca a nosotros preguntarnos si cumplimos con nuestra obligación de pastores:
*Si los padres de familia se preocupan lo suficiente por sus hijos, si les ayudan a crecer como personas, si los educan en los valores que Jesús propone en el Evangelio, si les dedican todo el tiempo que necesitan.
* Si los educadores verdaderamente educan o se limitan a ser enseñantes de conocimientos sin preocuparse de que sus alumnos son personas que necesitan ser tratados con cariño, con cercanía, con respeto, que necesitan ser escuchados y orientados para que puedan crecer y madurar.
* Si los catequistas transmiten con fidelidad el mensaje de Jesús, si son conscientes de que son presencia de Jesús en todas las circunstancias de su vida y por tanto ejemplo y referencia para quienes les han sido encomendados.
Y así sucesivamente se deben cuestionar cuantos tienen la misión de pastorear.
2.- Después de una larga y dura tarea evangelizadora que Jesús encomendó a sus discípulos, los conduce a un lugar tranquilo para que puedan compartir la experiencia y puedan también descansar. Pero la muchedumbre les sigue y no les deja tiempo ni para comer.
Hemos de ser pastores a tiempo pleno, en todo momento, en toda situación. El pastor debe entregar su vida. Ha de descansar y se ha de cuidar para estar en condiciones de cumplir su misión; pero aún entonces debe pensar que siempre es momento para hablar de Jesús y ayudar a quienes acuden a él.
Hemos de aprovechar el verano como tiempo de descanso y reponer fuerzas, pero quizá también para cuidar nuestra formación y nuestra vida interior sin olvidarnos que hemos de ser pastores allí donde nos encontremos.

