PASTORES

DOMINGO IV DE PASCUA CICLO B

Domingo 22 de Abril de 2018

REFLEXIÓN

          1.- La parábola del Buen pastor que expone Jesús y acabamos de escuchar, es extraordinariamente sugerente.

          En primer lugar, el rebaño pone ante nuestros ojos la imagen de unidad, pero de una unidad apretada en la que las ovejas se apoyan las unas a las otras para que nadie se quede atrás ni se pierda. Esa es la unidad que quiere Jesús para su rebaño, para sus discípulos, para sus comunidades, para la Iglesia. Y esa es la unidad que muchas veces falta.

          A lo largo de la historia, incluso en las primeras comunidades, se ha roto esa unidad, y a veces de forma radical, por muchas cuestiones; y ahora hay una falta de unidad que también podemos constatar en la Iglesia y en nuestras comunidades.

          ¿Por qué se rompe la unidad? A mi parecer, por ambiciones de poder, de protagonismo, de empeño por tener siempre razón, de que yo lo hago mejor, estoy mejor preparado, tengo más cualidades, más prestigio… Un empeño que se quiere mantener por todos los medios, aunque sean medios poco limpios, engañosos, ofensivos.

          Dicho muy brevemente: Por falta de amor y de humildad.

          ¿Hay unidad en nuestra parroquia? ¿Hacemos todo lo posible por ser un rebaño unido y apretado en el que caminamos juntos y en la misma dirección?

 

          2.- Jesús encargó a Pedro y a los Apóstoles ser los pastores de su rebaño. A mantener unidos a los discípulos, encaminarlos por senderos rectos, alimentarlos en los pastos verdes y con el agua fresca de su Palabra, de la Eucaristía, de los Sacramentos.

          De alguna manera todos somos pastores. Los sacerdotes, pero también los padres de familia, los catequistas, los educadores… tenemos la misma responsabilidad, aunque en ámbitos y con tareas distintas. Y nos hemos de preguntar si ponemos empeño en ser buenos pastores, en ser pastores según el ejemplo de Jesús.

          En cuanto a la misión de pastorear, los sacerdotes tenemos una especial responsabilidad. Precisamente en nuestra sociedad hacen falta sacerdotes, jóvenes que escuchen la llamada del Señor y estén dispuestos a responder para estar al servicio de las distintas comunidades. Pero sobre todo hacen falta sabios y santos sacerdotes, capaces de anunciar el Evangelio con un lenguaje nuevo y de dar respuesta a los muchos interrogantes y las difíciles cuestiones que se platean en el mundo de hoy.

               Por eso hoy es la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones. Para que cada día sean más los matrimonios, catequistas, educadores, voluntarios… que se planteen su vida como una vocación y como una respuesta a lo que les pide el Señor. Y para que cada día haya más sacerdotes que puedan atender a las necesidades de todas las comunidades cristianas y de toda la Iglesia en los distintos rincones del mundo.

 

REFLEXIONEMOS brevemente sobre todo esto, pero

++Sobre todo hoy, y quizá también con frecuencia, recemos por todas las vocaciones.

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