PAN VIVO BAJADO DEL CIELO

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 16 de Agosto de 2015
REFLEXIÓN
En estos domingos anteriores, hemos venido escuchando el capítulo 6 del Evangelio de San Juan. Jesús mismo a modo de catequesis quiere dar a conocer el misterio del “Pan vivo bajado del cielo”, que es Él mismo. El domingo pasado escuchábamos que la gente había sentido resistencia frente a las palabras de Jesús, cuando dijo: “He bajado del cielo”. Inmediatamente los que le escucharon dijeron: pero si conocemos a su mamá, sabemos quién es su papá, le conocemos a él, sabemos que se llama Jesús. ¿Cómo entonces, dice que viene del cielo? De este modo, la Encarnación de Jesús suscito una dificultad, a la gente se le hacía difícil comprender tal misterio.
En el Evangelio que hemos escuchado hoy, que es continuación del domingo pasado, nos encontramos con otra resistencia por parte de la gente. Jesús dice: “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”, al instante, la gente comienza a comentar y a preguntarse: ¿Cómo puede éste hombre darnos a comer su carne? Les resultaba extraño lo que Jesús enseñaba. Ante los cuestionamientos, Jesús no vacila en su enseñanza y trata de profundizar en el misterio que está revelando. Por eso en el Evangelio que hemos escuchado, nos encontramos con 7 afirmaciones de Jesús donde trata de aclarar su doctrina y a la vez la importancia de acogerla:
1. “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”.
2. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.
3. “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.
4. “El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él”.
5. “Así como el Padre que me ha enviado posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me coma vivirá por mí”.
6. “Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron vuestros antepasados, ellos murieron”.
7. “El que coma de este pan vivirá para siempre”.
Las siete afirmaciones parecieran que están formuladas de la misma manera, o que se repite lo mismo. Pero no es así, en cada afirmación Jesús agrega algo nuevo. Y si nos hemos fijado, en las siete afirmaciones se repite siempre la misma palabra: “Comer”, comer significa: asimilar, saber decir el Amén eucarístico, hacer verdaderamente la comunión. En la Eucaristía no contemplamos a un Jesús distante, escondido, lejano, sino que al comer su cuerpo lo encarnamos en nuestra vida, nos hacemos uno con él, se hace compañero de camino. Por tanto, cada vez que nos acercamos a comulgar, estamos llamados a asimilar el pan, que es Cristo. No podemos decir que hemos desayunado simplemente colocando el pan sobre la mesa, mirarlo un par de minutos y decir que ya desayunamos !no es así! Necesariamente tenemos que coger el pan y comerlo. En el Salmo responsorial hemos repetido en la antífona: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. Desde aquí descubrimos la invitación que nos hace el Señor en este domingo, a que nos acerquemos a comer del pan que él nos da en cada Eucaristía y que es su propia carne, para hacerse uno con nosotros, para darnos fuerza en nuestras debilidades y animarnos en nuestra vida. Pidamos al Señor para que siempre sintamos hambre de él. Amén!!!!!!

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