DOMINGO III DE CUARESMA CICLO C
Domingo 24 de Marzo de 2019
REFLEXIÓN
1.- Jesús, a lo largo de toda su predicación, insiste constantemente en la necesidad de convertirnos, de cambiar de vida, de dar frutos de buenas obras. Y, a pesar de su insistencia, siempre que habla de conversión nos parece que habla de algo nuevo.
La parábola que hoy nos regala Jesús pone ante nuestros ojos:
++la decepción de Dios, porque siempre espera que demos buenos frutos, y cuando se acerca a nosotros nuestra vida está muy vacía.
++El Amor infinito de Dios, que, a pesar de su decepción, siempre que se lo pedimos nos da una nueva oportunidad para enderezar nuestra vida, para cambiar, para rectificar nuestros errores, confiando en que, llegará un día en que encontrará en nosotros los frutos que espera.
Si nos paramos a pensar un poco, nos daremos cuenta de que en nuestra vida hemos tenido y seguimos teniendo miles de oportunidades de rechazar el mal y hacer el bien, para rectificar. Y eso es lo que hoy nos hemos de preguntar:
++¿Hemos aprovechado, o al menos hemos intentado aprovechar esas oportunidades?
Dios tiene con nosotros una paciencia infinita, no se cansa nunca de esperar. Hemos de estar agradecidos porque la paciencia de Dios es nuestra salvación.
2.- La reflexión que nos ofrece la parábola la podemos aplicar a otros aspectos de nuestra vida. ¿Nosotros tenemos paciencia?
++En primer lugar paciencia con nosotros mismos.
Deseamos conseguir nuestros objetivos y cumplir nuestros propósitos de manera casi inmediata, sin que nos cueste mucho esfuerzo, y constatamos que no es así, que si queremos avanzar hemos de ser constantes y pacientes, volviendo a empezar todas las veces que sea necesario, dándonos nuevas oportunidades.
Nuestra impaciencia nos lleva a ser poco constantes, a cansarnos y tirar muy pronto la toalla, a pensar que no vale la pena volverlo a intentar porque nos volverá a pasar lo mismo. De ese modo nos engañamos a nosotros mismos, justificamos nuestra actitud indolente, y tranquilizamos nuestra conciencia quedándonos como estamos.
++En segundo lugar la paciencia con los demás.
Los que tenemos alguna responsabilidad en la educación y el acompañamiento a los que se nos han encomendado, (los padres de familia, los educadores, los profesores, los sacerdotes…) tenemos la tentación de no tener paciencia.
Nos decimos a nosotros mismos: No vale la pena insistir y volverlo a intentar. No me hacen caso. Estoy saturado de repetirlo tantas veces y siguen como si no me hubieran oído, como si no fuera con ellos; no vale la pena dar más oportunidades.
Nos olvidamos de que nosotros también hemos sido niños, adolescentes jóvenes. Que también nos han tenido que repetir las cosas muchas veces. Que también han tenido mucha paciencia con nosotros y que, gracias a esa paciencia, a esa insistencia, a nuevas oportunidades, hemos aprendido a esforzarnos y somos lo que somos.
Si la paciencia de Dios es nuestra salvación, nuestra paciencia también es la salvación de los que tenemos encomendados.
Esta tercera semana de Cuaresma tengamos como objetivo aprovechar todas las oportunidades de mejorar que Dios nos ofrece, y mejorar nuestra paciencia con los demás.

