ORAR

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 16 de Octubre de 2016

REFLEXIÓN

         1.- Muchas veces, y especialmente las lecturas de hoy, nos hablan de la necesidad y la importancia de la oración.

Hacer oración es hablar con Dios. Podemos hacerlo repitiendo oraciones ya hechas como el Padre Nuestro, el Ave María… o  cualquier otra, pero despacio y dándonos cuenta de lo que decimos y a quién nos dirigimos.

Repetir oraciones mecánicamente no sirve para nada porque no es un buen camino para hablar con Dios.

 

2.- Podemos hablar con Dios como hablan dos amigos, con frecuencia, con confianza, con sinceridad, sabiendo que ese diálogo es una manifestación del amor entre Dios y nosotros.

Jesús enseñaba a su discípulos que para orar bien no son necesarias muchas palabras como hacían los fariseos; el Señor ya sabe lo que necesitamos y por lo tanto  no hemos de convencerle de lo que nos ha de dar, ni darle explicaciones. Somos nosotros los que necesitamos convencernos de que hemos de confiar en el Señor, ponernos en sus manos y dejar que nos cuide porque siempre nos da lo que nos hace falta.

 

3.- También necesitamos escuchar a Dios. Escuchar su voz en nuestro interior, desde nuestra conciencia.  Escuchar su Palabra con atención y con interés para reflexionarla, descubrir lo que quiere decirnos y terminar con un compromiso que nos ayude a poner en práctica lo que nos pide.

La oración bien hecha nos ayudará a amar cada vez más al Señor, a darnos cuenta de que le necesitamos y a confiar más en El. Siempre hace las cosas bien y  escucha y hace justicia a quienes le gritan día y noche.

Pero, ¿encontrará tanta fe en la tierra?

¿Encontrará tanta fe en nosotros?

 

         Como los discípulos dirijámonos a Él diciéndole: ¡Enséñanos a orar! Y procuremos por nuestra parte esforzarnos cada día en ser constantes y en orar bien.

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