DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 17 de Julio de 2016
REFLEXIÓN
Este pasaje del Evangelio me sugiere dos reflexiones distintas al fijarme en el comportamiento de las dos hermanas y en las palabras de Jesús.
1.- Como primera impresión puede parecer que Marta no está haciendo las cosas bien y que por ello la reprende Jesús cuando se queja de la falta de ayuda de su hermana. Pero si nos fijamos bien, fue Marta quien invitó a Jesús a comer en su casa porque le amaba y estaba atareada en los distintos servicios porque quería ofrecerle a Jesús lo mejor.
Marta estaba actuando por amor y con amor.
Jesús quiere decirnos que hemos de fijarnos en el comportamiento de Marta para que también nosotros todo lo que hagamos sea por amor y con amor. Por amor porque hemos de ver en cada persona un hermano nuestro, que es imagen y semejanza de Dios, sea cual sea su situación y su condición.
Y hemos de hacerlo con amor, como lo hacía Jesús. Con bondad, con ternura, con amabilidad, con generosidad, con una sonrisa, sin juzgar ni criticar. Hacerlo con los mismos gestos de amor y misericordia que Jesús. Y hacerlo con quienes se encuentran en peores situaciones porque son los que más necesitan ser amados.
¿Cuál es nuestra respuesta a lo que nos pide Jesús? ¿Qué estamos dispuestos a hacer? En qué debemos mejorar? ¿Qué hemos de corregir?
2.- En segundo lugar pienso que Jesús también nos dice a nosotros lo que le dijo a Marta: “Andas ocupada y preocupada en tantas cosas… que te has olvidado de estar conmigo”
¡Cuántas veces nos pasa a nosotros lo mismo! Andamos ocupados y preocupados en tantas cosas que vivimos con un enorme estrés, con una gran agitación y nos olvidamos de que el Señor nos pide que tengamos tiempo para Él. Nos echa de menos, desea que estemos a su lado, que le hablemos de nuestras cosas, que lo que más desea es ayudarnos, abrazarnos, consolarnos, apoyarnos, decirnos que nos quiere.
Quiere que le escuchemos para que aprendamos de Él, que no perdamos la esperanza y que vivamos con paz.
También ahora podemos preguntarnos cuál es nuestra respuesta a lo que Jesús nos dice. Qué estamos dispuestos a hacer? Qué hemos de corregir? En qué podemos mejorar?
3.- Reflexionemos cada uno en el aspecto que más nos hace falta durante nuestra oración de cada día. Y pidámosle que sea Él el centro de nuestra vida siempre.

