NO LO ACOGIMOS

DOMINGO II DE NAVIDAD CICLO C
Domingo 3 de  Enero de 2016
REFLEXIÓN
         Acercándonos hacia el final de las celebraciones de Navidad, la Palabra de Dios nos sorprende con dos afirmaciones que siempre me han llamado la atención.
         1.- En primer lugar la que hace S. Pablo en la primera lectura: “El Padre nos eligió antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e hijos suyos”
         Desde siempre hemos estado en la mente de Dios. Desde siempre ha pensado en nosotros. Y es El quien ha tomado la iniciativa de llamarnos hijos suyos.
         Para que entendamos lo que nos quería decir, su Palabra, se hizo hombre,  se hizo uno como nosotros para caminar a nuestro lado de modo que escucháramos su voz y viéramos sus obras.
         2.- La otra afirmación que me llama la atención es la del evangelista Juan en el pasaje que acabamos de leer: “Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron…”
         *Estas dos afirmaciones de la Palabra de Dios me hacen pensar si verdaderamente me doy cuenta y sé valorar lo importante que soy para Dios: Siempre he estado en su mente; siempre ha pensado en mi para hacerme el regalo mayor que puedo recibir: SU VIDA; hacerme semejante a Él como un hijo es semejante a su padre, de modo que tuviera la alegría  de saberme amado con un amor sin límites.
         *Me cuestiona y me zarandea la conciencia cuando dice “Los suyos no  lo recibieron”
         Los suyos somos nosotros; los que estamos en su mente desde siempre, los que hemos recibido su vida en el Bautismo, los que estos días estamos celebrando su nacimiento.
         Los suyos, nosotros, ¿lo hemos acogido de verdad? ¿Lo hemos acogido como se merece?
         3.- Si le hemos dejado entrar en nosotros, si  hemos dejado que nos transforme, nuestras obras han de ser como las suyas; hemos de vivir como Él vivió.
         Amar con un amor misericordioso. Un amor que perdona y pide perdón, que acoge con bondad, que tiene entrañas de misericordia y se conmueve ante cualquier miseria humana y ante el sufrimiento de los demás, especialmente de los excluidos, de los invisibles, de los que pasan necesidad.
         Amar teniendo gestos de ternura y generosidad  para con todos, sean más o menos amigos, más o menos conocidos, más o menos agradables.
         Desde  este comienzo del año no lo olvidemos: Hemos de tener siempre abiertas las puertas del corazón para que Jesús habite en nosotros y vivamos como Él vivió.

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