DOMINGO V DE CUARESMA CICLO A
Domingo 29 de Marzo de 2020
REFLEXIÓN
1.- Cercana ya la Semana Santa las lecturas nos van introduciendo en los últimos días de Jesús y este domingo nos hablan de la muerte y de la vida.
++La muerte de Lázaro, el amigo de Jesús, que deja tristes y consternados a sus hermanas y a sus amigos entre los que se encuentra Jesús.
Nos ofrece también una de las escenas en las que se nos deja ver la cercanía y la ternura de Jesús que, compartiendo el sufrimiento de todos, se entristece y llora ante la muerte de su amigo.
+El gesto de Jesús resucitando a Lázaro. Gesto con el que quiere manifestar la ternura del corazón de Dios ante el sufrimiento de los hombres, y dar ocasión para que los testigos tengan motivo de creer en Él y en su mensaje y alaben y glorifiquen a Dios que realiza obras grandes en favor de los hombres.
++Indirectamente habla de la muerte de Jesús en la Cruz, que va a ser el acto de suma entrega por amor, con un gesto inaudito de misericordia perdonando a cuantos son, somos, responsables de sus sufrimientos y de su muerte, porque “no saben, sabemos, lo que hacen”.
+La Resurrección de Jesús, dando cumplimiento pleno a la promesa de salvación, venciendo a sus enemigos y a la muerte, manifestándose como triunfador y Señor de la vida verdadera que ofrece a todos los que creen en Él.
++También nos hace pensar en nuestra muerte, acontecimiento inevitable de nuestra vida que siempre queremos olvidar. Esa muerte que pone fin a nuestro paso por la tierra pero que pensar en ella debe servirnos de estímulo para defender y cuidar nuestra vida y la de los demás, para aprovechar cada ocasión para desarrollar nuestras cualidades, aprovechar cada situación y cada momento para disfrutarla y sobre todo para hacer felices a los demás repartiendo sin tacañería palabras y gestos de amor, de bondad, multitud de abrazos, besos y caricias de modo que todos se sientan amados, y construyamos así un entorno y un mundo de paz y fraternidad que tanto necesitamos.
+No podemos de ninguna manera dejar de pensar en nuestra propia resurrección.
Si creemos que Jesús ha resucitado, también nosotros resucitaremos, viviremos para siempre, participaremos en plenitud de su salvación y de su gloria por toda la eternidad en esa morada que Él ha ido a prepararnos en la Casa del Padre.
Pero mientras tanto, mientras dure nuestro paso por la tierra, hemos de ir resucitando cada día, dejando que Jesús cambie nuestro corazón, transforme poco a poco nuestra vida, nos modele a su imagen, y podamos vivir ya aquí en la tierra, aunque de manera incompleta, la Vida Nueva que Él nos promete y que viviremos en plenitud cuando lleguemos al cielo.
2.-Caminemos hacia la Pascua habiendo aprovechado este tiempo de Cuaresma para nuestra conversión y nuestra paulatina resurrección, con la alegría de que Jesús ha resucitado y nuestra esperanza de vivir con Él para siempre.

