LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (DOM. VII DE PASCUA) CICLO C
Domingo 8 de Mayo de 2016
REFLEXIÓN
1.- Con la Ascensión de Jesús a los cielos termina el tiempo de Jesús. El tiempo en que Jesús ha predicado, ha manifestado el Amor Misericordioso del Padre, y con su Resurrección ha confirmado a los discípulos que sus promesas se cumplen, que está vivo y que permanecerá siempre a su lado.
Y a la vez ha comenzado el tiempo de los discípulos, el tiempo en que han de comenzar a cumplir la misión que les ha encomendado: Ser testigos de todo lo que han visto y oído, anunciar por todos los rincones del mundo que se ha cumplido la promesa de salvación que Dios hizo a los hombres después del pecado.
2.- Las lecturas de hoy nos pueden ayudar a entender lo que el Señor espera de nosotros y de la Iglesia:
a/ Que vivamos mirando al cielo, como quedaron los discípulos, porque allí está el Maestro de quien aprendemos la Verdad que da la Vida. Allí está el Amigo con quien compartimos confidencias, en quien encontramos ayuda, apoyo, comprensión, fortaleza, consuelo; el Amigo que nunca nos deja solos.
b/ Mirando al cielo porque es hacia allí hacia donde se dirige nuestra vida para participar plenamente de la gloria y de la vida de Dios y por tanto hacia donde hemos de caminar.
3.- Pero hemos de vivir con los pies en la tierra.
Eso es lo que los dos hombres les dijeron a los discípulos: ¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Jesús os ha pedido que seáis sus testigos, que contéis todo lo que habéis vivido, visto y oído, de modo que todos puedan conocer la Buena Noticia de la Salvación y del Amor Misericordioso de Dios.
Jesús nos pide que hagamos nosotros lo que hizo Él, que nos acerquemos a todos los que necesitan ser amados, y que lo hagamos con alegría porque poseemos el secreto de ser felices siempre.
4.- Entonces, y también ahora, no resulta fácil hablar de Dios, vivir como vivió Jesús y caminar contra corriente en muchas ocasiones. Nos sentimos débiles y con pocas fuerzas, y con frecuencia no sabemos qué hacer ni cómo actuar. Por eso Jesús promete que enviará el Espíritu Santo que será nuestro defensor, nuestra fortaleza y nuestra sabiduría.
Pidamos al Señor que no dejemos de mirar al cielo para que no equivoquemos el camino y toda nuestra vida tenga sabor de Dios. Y que siempre demos testimonio de Jesús contando sin miedo lo que nosotros sabemos y vivimos.

