DOMINGO XVII TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 30 de Julio de 2017
REFLEXIÓN
1.- Durante varios domingos el Evangelio nos ha ido ofreciendo diferentes parábolas en las que Jesús habla del Reino de los Cielos.
Hoy lo presenta como un tesoro y una perla preciosa que quien lo encuentra se llena de alegría y está dispuesto a venderlo todo para compararlo.
Lo primero que se me ocurre es plantearme una pregunta: ¿Qué es el Reino de los Cielos? La respuesta inmediata que daríamos es que es el Cielo a donde esperamos ir después de la muerte. Sin embargo Jesús enseña algo más:
El Reino de los Cielos es descubrir y reconocer que Dios nos ama siempre con un Amor sin límites y sin condiciones y que del mismo modo nosotros hemos de amara los demás.
2.- Si lo hemos descubierto se convierte para nosotros en el mayor tesoro que podemos poseer y que deberíamos estar dispuestos a conservarlo renunciando a todo lo necesario para poseerlo y no perderlo, de modo que Dios también se convierte para nosotros en nuestro Amor Primero.
Este descubrimiento es motivo para vivir con gran alegría, con fortaleza, con esperanza, con serenidad y con paz en todos los momentos tanto buenos como malos porque el Señor está siempre con nosotros y nunca nos deja solos.
Y a la vez es también nuestra responsabilidad porque hemos de esforzarnos en amar a los demás como nos ama el Señor.
3.- Esto es lo que debería ser. Pero en realidad, ¿Cuál es nuestro tesoro, o lo que consideramos tesoros en nuestra vida?
Seguro que tenemos algunos, y tal vez son tesoros que no dejan espacio en nuestro corazón ni tiempo para El Señor. Tesoros que nos llenan de preocupaciones, de sufrimientos, de miedo de perderlos, de inquietud y de inseguridades. Y que nos impiden afirmar que amamos a Dios sobre todas las cosas.
4.- Aunque a veces no caemos en la cuenta, hay dos grandes pecados en nuestra vida:
*No Amar a Dios sobre todas las cosas y por tanto tenerlo desplazado del centro de nuestra vida y que no sea nuestro tesoro.
*La falta de Amor a los demás, y como consecuencia cualquier cosa que haga daño a los demás: pensamientos, sentimientos, palabras, obras… faltas de amor y de bondad.
*Pensemos un momento si el Señor es nuestro tesoro y si hacemos las cosas como El espera de nosotros.
*Y oremos como Salomón, pidiéndolo luz y sabiduría para saber distinguir siempre lo que está bien de lo que está mal.

