MI PADRE ES EL LABRADOR

DOMINGO V DE PASCUA CICLO B
Domingo 03 de mayo de 2015
REFLEXIÓN
La imagen de la viña y la tarea del labrador era bien entendida por quienes le escuchaban. Israel era un pueblo ganadero y agrícola.
Y de este pasaje podemos destacar tres expresiones de Jesús para nuestra reflexión:
1. El Padre, que es el labrador, poda los sarmientos para que den más fruto. Es imprescindible la tarea de la poda de un árbol; quitar lo viejo y reseco, los brotes que estorban y no dejan crecer, para que haya un crecimiento con fuerza y fruto abundante. Si Jesús es la vid y nosotros los sarmientos, también necesitamos la poda para poder dar fruto abundante. La poda puede venir de nosotros mismos que, dándonos cuenta de nuestras equivocaciones, nuestras debilidades, lo que hay en nosotros de malo, hacemos el esfuerzo de apartarlo de nuestra vida, de corregirnos y mejorar. Puede venir la poda de las personas de nuestro entorno que nos corrigen, nos indican lo que hemos de cambiar, dónde están nuestros errores, hacia dónde nos hemos de encaminar. Y aunque nos resulte doloroso e incómodo que nos corrijan y reprendan, nos es necesario para mejorar y dar fruto abundante. Puede venirnos la poda de las circunstancias y acontecimientos de nuestra vida, tanto buenos como malos, que nos sirven para desprendernos de tantas cosas que no le agradan al Señor y estar así en condiciones de crecer en virtud, de desarrollar nuestras cualidades, de mejorar nuestras actitudes y nuestro modo de vivir cristiano. Es el Señor quien se sirve de todos esos medios para ir purificando nuestra vida y hacernos crecer y mejorar. Toda esta reflexión la podemos resumir diciendo que las palabras de Jesús son una invitación a ver el lado positivo de la vida y de todas las cosas, aprovechando ese lado positivo para nuestro bien y nuestra perfección.
2. Permaneced en mí. Es casi como una continuación de la reflexión anterior. Para nada sirve la poda si el Señor no nos hace participar de su vida, si no nos transmite su savia. Es una invitación a fomentar todas aquellas actividades que nos mantienen unidos al Señor, y aprovecharlas debidamente. Fomentar el tiempo y la calidad de la oración, mejorar la participación de los sacramentos, cuidar de vivir en la presencia del Señor en todos los momentos de nuestra vida, para que de ese modo la vida de Dios crezca en nosotros y dé fruto abundante que se manifieste en nuestro modo de pensar y de vivir.
3. Lo que pidiereis al Padre en mi nombre os lo concederá. Nos recuerda cómo hemos de confiar en el Señor y en la eficacia de la oración. El Señor es quien más nos quiere, quien más interés tiene en que seamos felices y no nos falte de nada. Ponernos en sus manos con una infinita confianza nos permite rezar con constancia y sin desfallecer, con la seguridad de que siempre nos escucha y nos ayuda. Seguimos celebrando la fiesta de la Pascua, y el de hoy nos recuerda que el Señor está vivo y quiere hacernos participar de su vida y de la alegría de su presencia. Que al acercarnos a la Eucaristía recibamos el alimento que nos hace participar de su vida, que nos hace crecer y que demos frutos abundantes para gloria del Padre.

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