DOMINGO III DE PASCUA CICLO C
Domingo 10 de Abril de 2016
REFLEXIÓN
1.- El Señor esperaba a los discípulos en la orilla de la playa con el pan y el pescado preparado. Anima a los discípulos a que echen las redes a la derecha de la barca después de una noche de trabajo en vacío y les sorprende con una pesca abundante.
A continuación les invita a sentarse con El para almorzar.
Necesitan reparar fuerzas después de una noche de trabajo duro. Necesitan descansar. Necesitan fortalecer su fe en que Jesús ha resucitado y necesitan estar con Él para recuperar la alegría, la confianza, la paz, los ánimos.
2.- Pedro está desnudo y se cubre con la túnica. Estar desnudo es un símbolo de no ocultar nada, de estar por completo a la vista de todos. Un símbolo de que también su corazón está desnudo, no oculta nada.
Todos conocen cómo es y lo que siente. Saben que es impulsivo y apasionado y por eso ama apasionadamente a Jesús. Por eso Pedro se sorprende de que Jesús le pregunte repetidamente: ¿Me amas? ¿Me quieres de verdad? ¿No me vas a traicionar? Y por tres veces contesta: Sí, Señor. Tú sabes que te quiero; sabes que no te engaño porque lo sabes todo y sabes que te amo apasionadamente.
Ese amor incondicional, fiel y sin fisuras es lo que necesita Jesús para encomendarle el cuidado de sus ovejas, del rebaño del Señor que es la Iglesia.
3.- Nosotros hemos de estar atentos para descubrir que Jesús presente en la orilla de nuestra vida cuando El quiere, especialmente cuando necesitamos recordar que las redes las hemos de echar en su nombre para que todo nuestro esfuerzo y nuestro trabajo evangelizador pueda dar fruto, cuando necesitamos fortalecer nuestra fe, fortalecer los lazos de amor que nos unen, para no olvidar que nos ama y quiere que también le amemos. Para descansar y recuperar ánimos, fuerzas y esperanza.
4.- Como a Pedro nos pregunta a cada uno: ¿Me amas? ¿Me quieres?
No sé si con la misma sinceridad de Pedro podríamos decirle: “Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero”. No sé si como Pedro amamos al Señor apasionadamente o es un amor superficial o es interesado porque sólo nos acordamos de Él cuando tenemos un problema.
El Señor necesita nuestro amor incondicional para confiarnos la misión de evangelizar y de cuidarnos los unos a los otros. Y ese amor incondicional es especialmente necesario para que sólo con nuestra vida podamos transmitir la necesidad de ser como Jesús.
Dejemos que su pregunta: ¿Me amas? Se quede en nuestro corazón y en nuestra mente como un eco permanente y pensemos qué respuesta sincera le podemos dar a Jesús. Y no olvidemos que siempre nos espera en la orilla de nuestra vida.

