DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 4 de Noviembre de 2018
REFLEXIÓN
1.- Ante la pregunta del escriba de cuál es el mandamiento principal de la Ley Jesús responde con una afirmación que es el resumen, la síntesis, de todo lo que Dios quiere del hombre: Escuchar y Amar a Dios y los demás.
Nos solemos olvidar de que el primer mandamiento es escuchar. Sin embargo, escuchar con atención y con interés es la actitud fundamental para conocer al otro, saber cuáles son las cosas que le preocupan, lo que es importante en su vida, lo que hay en lo más hondo de su corazón: sus sentimientos, sus deseos, sus alegrías y tristezas, sus proyectos, sus necesidades, las prioridades y los objetivos de su vida.
Es también saber lo que espera y necesita de nosotros.
2.- Escuchar a Dios es lo más necesario para descubrir que es El quien ha tomado la iniciativa de amarnos, incluso antes de crearnos, porque nos ha hecho a su imagen y semejanza.
Cuando nos mira se ve reflejado en nosotros como en un espejo y nos ama con un amor sin límites, infinito, con todo su corazón y todas sus fueras.
Y es entonces cuando nace en nosotros una profunda e ilimitada necesidad de amarle con todo nuestro corazón, todas nuestras fuerzas, todo nuestro ser, sin poner ningún límite ni condición, no porque tengamos la obligación de cumplir su mandamiento, sino por puro agradecimiento y porque sabemos que sin Él no podemos hacer nada.
¿Nos acordamos que ese es el mandamiento principal y es lo más urgente y lo más importante que hemos de hacer en nuestra vida?
3.- Para amar al prójimo como Dios quiere, primero hemos de amarnos a nosotros mismos. Reconocernos como imagen de Dios, como semejantes a Él, cuidando esa imagen suya que somos. Y no siempre nos amamos como debemos.
Hemos de amar y cuidar nuestro cuerpo, nuestra vida, nuestra salud. No dañarnos ni destruirnos. Cuidar nuestra mente, nuestro corazón, nuestros sentimientos y deseos, nuestras cualidades, para valorar todo lo bueno que Dios ha puesto en nuestras manos, y además de cuidarlo saber aprovecharlo, desarrollarlo y que dé fruto abundante, de modo que podamos disfrutar de la vida y siempre ser un reflejo transparente y claro de la imagen de Dios que somos.
4.- Sólo cuando nos amamos a nosotros mismos estamos en condiciones de amar a los demás.
“Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”. “No hagáis a los demás lo que no queréis que os hagan a vosotros.”.
Son palabras del Señor que nos las ofrece como criterio de comportamiento porque nos conoce y sabe que sólo amándonos a nosotros mismos de verdad podremos amar a los demás como Él los ama.
Y aunque ese mandamiento del amor a los demás lo recordamos muchas veces, no acabamos de cumplirlo ya que con demasiada frecuencia hacemos daño a los demás de muchas maneras. Unas veces sin querer, porque no somos perfectos. Pero otras veces queriendo sin acordarnos de que todos somos imagen de Dios, somos hijos suyos, y merecemos el mismo respeto, tenemos la misma dignidad y necesitamos ser amados.
EN UN MOMENTO DE SILENCIO
++Escuchemos con atención estas palabras del Señor y dejemos que resuenen con fuerza en nuestro corazón.

