DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 5 de Febrero de 2017
REFLEXIÓN
1.- Jesús utiliza dos preciosas imágenes para hacernos entender no sólo lo que debemos hacer, sino lo que realmente somos como discípulos suyos:”Sois la sal de la tierra, sois la luz del mundo”
**La sal sirve para dar sabor a los alimentos y para que no se corrompan. Se diluye y no se ve, pero cuando no está se echa en falta.
Somos sal porque el Señor ha sanado nuestro corazón, lo ha liberado de todo pecado, lo ha llenado de su presencia dando a toda nuestra vida sabor de Dios. Somos sal porque el Señor nos cuida para que no se corrompa nuestro corazón.
Podemos dar sabor de Dios a todo lo que hacemos si procuramos que nuestros pensamientos, palabras y obras sean según Dios; si transmitimos alegría, esperanza, positividad, paz. La bondad de nuestro corazón, que tiene sabor de Dios, se manifiesta en nuestras palabras y nuestras obras, pero esa presencia del Señor hemos de hacerla diluyéndonos como la sal, con humildad y si protagonismos, porque no somos Dios, sino reflejo y presencia de Dios.
**El Señor es nuestra Luz. El nos guía por el camino del bien; llena nuestra vida de alegría y esperanza; nos da seguridad en nuestro caminar porque Él es el camino de la verdad y de la vida. Alumbra nuestras oscuridades y nos hace salir de nuestras tinieblas.
También nosotros hemos de ser luz para librar al mundo, especialmente al pequeño mundo que nos rodea, de las tinieblas del pecado, de la oscuridad de los malos sentimientos, las malas acciones, las orientaciones equivocadas.
Muchos caminan y viven llenos de dudas y necesitan La Luz de Dios. Necesitan nuestra luz y no podemos escondernos porque La luz es para alumbrar.
2.-Par ser lo que Jesús quiere, hemos de conservar en nosotros su sal y su luz.
La escucha y reflexión de la Palabra de Dios, la Oración, los Sacramentos… estar cerca del Señor y abrirnos a su presencia es lo que llenará nuestra vida de su Sabor y su Luz para poderlas regalar a los demás.
La mejor manera de ser sal y luz es poniendo en práctica las obras de misericordia que nos las ha recordado la primera lectura: Dar de comer al hambriento, vestir al que está desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, consolar a los tristes, enseñar a los que viven con inseguridad, enseñar y ayudar a vivir en libertad…
Debemos recordarlas con frecuencia.
Pensemos ahora en presencia cuales podemos y debemos poner en práctica según nuestras posibilidades y pidámosle que nos ayude a hacerlo.

